De políticos y periodistas

Por: Osvaldo Pepe

El proyecto oficial de la ley de medios empieza a rodar esta semana en el Senado después de un vuelo relámpago en Diputados. Acaso en la Cámara Alta se aporte racionalidad y mesura, cuando está fresco el recuerdo de la última noche con acelerador a fondo y discursos festivos de los diputados oficialistas y sus aliados. Algunos de ellos remedaron una copia tardía y melancólica del inflamado asambleísmo adolescente de los tiempos estudiantiles.

Fue lamentable verlos desempolvar citas mal digeridas con patente de progresistas, y denostar la función de la prensa en la sociedad moderna, además de instalar a la clase política como víctima de una conjura mediática. Muchos de ellos apuntaron a demostrar la presunta complicidad de los medios con la dictadura. Exhibieron tapas de los diarios en aquellos tiempos, pero no fueron capaces de decir que los medios, como todas las instituciones, fueron sometidos a una férrea y brutal censura. La verdad a veces no es épica, pero bastaría con no simplificarla. Medios, políticos y periodistas sobrevivimos al horror como pudimos. Hubo en ellos muertos y desaparecidos, como en toda la sociedad, así como hubo quienes se enriquecieron adquiriendo propiedades a precio vil de manos de ciudadanos endeudados, gracias a una circular de Martínez de Hoz. También hubo, y hay, quienes necesitan "un mundo sin periodistas". O con periodistas amigos, y medios cautivos.

La esperanza es que en el Senado decline el discurso que bastardea a la prensa. Y que el debate final, en la cámara que sea, alumbre una ley que funde derecho nuevo sin avasallar el existente, que dé la bienvenida a más voces, pero sin omitir que la prensa independiente existe: se la mide en relación a su distancia del poder. No es la única verdad, pero es la que equilibra el mayor riesgo de las democracias: el discurso único de las autocracias, aun de las que están en retirada.

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