Los políticos ya empezaron a dejarse ver en Punta del Este

Lilita Carrió, Pepe Scioli y Débora Giorgi inauguraron el año en el balneario uruguayo.
Débora Giorgie se animó a desobedecer a su temperamental jefe, Néstor Kirchner -quién nunca se cuidó de mostrar sus rabietas ante la mera intensión de cualquier subordinado de veranear en Punta-. La ministra de Industria, e íntima de Cristina, Débora Giorgi. arrancó el año en Punta del Este. La economista y ex funcionaria de Fernando De La Rúa, quién también estuvo brindando en la casa de Shakira, su multimillonaria nuera, chocó las copas en la medianoche del 31 en el caserón del representante botinero, Gustavo Mascardi, en Bikini.

Giorgi llegó con su marido y degustó la mesa de platos fríos, que ofrecía cochinillo, salmón y mariscos. Luego, las pastas de plato principal. De postre, había torta rogel e isla flotante.

"Estaba elegante, con un vestido discreto, de tonos apagados, color ocre con estampados marrones, aunque la consigna de la fiesta era vestirse de blanco con algo plateado", comentó el RRPP Alejandro Raineri.

Lo que durante el menemato sobresalió como el balneario obligado para la rosca de la política argentina, y algunos sushiboys delarruistas -al principios del milenio- trataron de mantener vigente, presenta hoy otra cara. Punta Del Este parece haber quedado absolutamente condenada al desierto en el escenario veraniego de las figuras del poder político nacional.

Ni siquiera entre los uruguayos, que se beneficiaron con la inversión inmobiliaria y comercial de menemistas furiosos, como "el gordo bolú" Armando Gostanian, mantienen un buen recuerdo de aquellos años de ostentación y derroche desvergonzado. Tal vez influyó el tipo de cambio, poco conveniente para los argentinos.

Las interminables rondas de café en Il Greco, sobre la eterna Gorlero, con representantes de todos los partidos, quedaron en la memoria. El que seguramente se alegró del destierro político fue su más fiel cliente: el entrenador boquense, Alfio Basile, quien ahora puede imponer su singular vozarrón sin temor de inquietar a algún poderoso.

Estoica, sin culpas, y poniéndole el pecho a los dardos críticos, Lilita Carrió se paseó arrebatada por el sol, y de muy buen humor, por casi todas las playas de la península. Acompañada por una amiga, estuvo en la Brava, alrededor de los cinco dedos de la postal. También en la Mansa, en largas caminatas por el renovado puerto deportivo del balneario.

De los amantes habitués que solieron broncearse en estas arenas, ninguno quiere volver. O al menos, mostrarse. Será que para los políticos, la pasarela dejó de brillar en la glamorosa península. Macri hizo saber que no piensa pisar Punta, al menos en lo más caliente del verano -hasta anoche estuvo disfrutando de unos días en Carlos Paz-. Lo mismo Francisco De Narváez, otro con asistencia perfecta durante años. Ni que hablar de Daniel Scioli, que supo saltar del barco a tiempo, vendiendo su casa en José Ignacio hace ya cuatro años. También su departamento sobre Gorlero.

Aunque molesto, el único que se dejó fotografiar, a paso ligero, la noche del 31, fue Pepe Scioli. Parece que el ex hombre fuerte de su hermano en la Provincia, se sorprendió ante la multitudinaria guardia periodística en la puerta de la mansión de Shakira, en José Ignacio, donde "sólo pasó a saludar" antes de irse a dormir.

Los cronistas se ilusionaron con la posibilidad de que el ex funcionario realice declaraciones públicas sobre su sorpresivo alejamiento del Gabinete bonaerense.

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