Política,venganza y violencia

Por: Ricardo Kirschbaum

Las elecciones legislativas todavía están lejos en el calendario pero muy cerca en cada acto y cada gesto del mundo político. Finalmente el descenlace electoral será la resultante de una serie consecutiva de batallas que se están librando desde hace tiempo en el país. Y en las que el Gobierno se ha empeñado, muchas veces con un razonamiento incomprensible para el sentido común, en dilapidar su capital político.

Los choques con la dirigencia rural se van a multiplicar, a pesar que se insinúan cambios en lo que fue una torpe política que condujo al Gobierno, en julio pasado, a su más seria derrota en el Congreso.

Salvo que ahora la política y las ambiciones están convirtiendo los reales problemas del campo en una contienda donde no se pueden ocultar los móviles de ambos lados, ya sea para la agitación, las ambiciones personales, la interna política o la venganza.

La agresión a Rossi es una muestra de esa fricción exasperada. El método es fascista, se disfraze de izquierda o de derecha. Y no se convierte en un escándalo porque los argentinos nos hemos acostumbrados a que estos actos sean asumidos como normales, en un país en el que un puñado de personas se apoderó de un puente internacional y se ha autoconferido la autoridad de decidir quién puede o no pasar a Uruguay.

Ese sistema de la política forma parte de una cultura en la que el "apriete" es su filosofía. La libertad para la protesta, protegida por la ley, debe autoregularse para que los límites y los derechos sean respetados por todos.

La desesperación de los productores ante la sequía es legítima y el Gobierno debe terminar con las especulaciones y la venganza. Pero esa angustia real no es un pasaporte para la violencia.

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