Sin políticas, el clima determinó este año la suerte del campo

Hasta el desastre actual que provocó en el norte bonaerense, el agua fue la mejor noticia que tuvo el conjunto del sector agropecuario. Qué pasó en carnes, lácteos y granos
No es fácil trazar un denominador común para todos los sectores englobados en la noción de "campo". Pero si se trata de buscar la mejor noticia de 2009 para la mayoría (agricultores, ganaderos, productores regionales, y sus proveedores de insumos y clientes, sean industrias o exportadores), esto fue, sin duda, la lluvia.

Más allá, está claro, de las tremendas inundaciones recientes en el norte bonaerense, el agua fue la ayuda más concreta que tuvo el agro este año. La sequía que comenzó por 2008 y se extendió hasta este año (y perdura en algunas regiones), la peor en los últimos 70 o 100 años, según los cálculos, había terminado con la vida de cientos de miles de cabezas bovinas, ovinas y caprinas, y derribado un tercio la cosecha de granos. Muchos dicen que los estragos habrían sido menores de haber habido políticas para el sector, que incentivaran la inversión tecnológica. Chi lo sa, es historia contrafáctica. Lo cierto es que políticas casi no hubo, y las medidas frente al problema fueron pocas y tardías, al menos a nivel nacional. Recién en los últimos días se reglamentó la emergencia en algunas regiones, tras el papelón de agosto pasado, cuando el bloque oficialista que presidía la Comisión de Agricultura en Diputados reconoció no haber leído el proyecto de ley de Emergencia Agropecuaria que mandó y logró aprobar, vetada luego parcialmente por la Presidenta.

En los dos sectores del agro más delicados cuando asumió Cristina, el de la carne y el de la leche, hubo algunos indicios de cambios, aunque aún no se ve un Norte. Hay que esperar qué hace el Ministerio de Agricultura, que hasta ahora no ha conseguido mucho más que cuando era Secretaría.

n En carne, al menos hasta diciembre (cuando aumentó el precio en góndola y el secretario Moreno retomó la cruzada interventora), las exportaciones estuvieron abiertas, al punto que el nivel de despachos se convirtió en el más alto de esta década. A la inversa, el Gobierno sigue sin distribuir la Cuota Hilton, el negocio más rentable de la carne, que debió estar asignada hace seis meses. Es irónico, pero, en julio, la propia Presidenta había decretado la obligación de que los frigoríficos hubiesen despachado la mitad de su alícuota al 31 de diciembre, aunque, hasta ahora, el Gobierno sólo asignó un 30% del cupo arancelario.

Por otro lado, se profundizó la dependencia de los feedlots sobre la base de millonarias compensaciones administradas por la poderosa Oncca, denunciada por corrupción.

En lácteos, mientras los tamberos siguen diciendo que lo que les pagan no les alcanza, las lácteas extranjeras parecen haber emprendido una retirada, a la inversa que en el gobierno de Néstor Kirchner. SanCor perdió como socio en yogures a DPA (de la neozelandesa Fonterra y la suiza Nestlé), y la holandesa Campinas le vendió Innovatech a La Sibila. Mastellone anunció que buscaría un socio, pero luego se retractó e inició una reestructuración de deuda. Los supermercados chinos se quedaron con la ex Parmalat, dueña de Gándara, que tenía el kirchnerista Sergio Tasselli.

En granos, principal fuente de divisas del país, hubo idas y venidas entre el Gobierno y los exportadores. Tras el fracaso de dos acuerdos para levantar la declinante cosecha de cereales, el tercero parece haber sido positivo para el maíz, pero el trigo está sin demanda en plena cosecha. Esto aparte, aunque no habla más de las declaraciones anticipadas, el Gobierno les derogó el régimen de importación temporaria, que les permitía traer soja de Paraguay para moler en las plantas aceiteras del Paraná, y minimizar la capacidad ociosa, elevada por la seca. Las retenciones (hay que decirlo, casi el único tema de conversación del campo), quedaron intactas.

Comentá la nota