Lo políticamente posible

La renuncia a la banca legislativa del juecista Miguel Ortiz Pellegrini tiene muchas causas y significados, pero sólo un objetivo político: seguir participando.

En el fondo, en política, nadie renuncia para siempre, dice en los mandamientos del poder. Y eso es, precisamente, lo que está detrás de esta jugada de quien hasta hace pocos meses creía estar en carrera para disputar la Intendencia de la ciudad de Córdoba.

Acorralado por la denuncia del PJ, por el dictamen de la Comisión que lo encontró "culpable de violar la Constitución provincial" y por la "ayuda" del radicalismo de sólo "atenuar" una segura sanción, Ortiz Pellegrini comprendió que no tenía otra salida que dejar la banca.

Sólo de esa manera iba a poder descalificar la voluntad política de la mayoría agravada de la Unicameral, que se aprestaba a suspenderlo por 30 ó 40 días. Una suspensión por violar la Constitución, por más atenuada que fuera, implicaba una condena ética y moral imprescriptible.

Por eso Ortiz Pellegrini, con la venia de su jefe político Luis Juez, fueron por lo políticamente posible; esto es, que la ciudadanía les crea más a ellos que a los que hoy están en el poder provincial.

Es la misma apuesta, aunque llevada al extremo, que aplicó el bloque juecista cuando en mayo pasado el PJ denunció a Ortiz Pellegrini. "Lo denunciemos por lo mismo a Domingo Carbonetti", dijeron entonces, para que la ciudadanía decidiera entre los dos.

El juecismo tiene experiencia en esta estrategia. Su creador, Luis Juez, la utilizó para posicionarse en la consideración pública enfrentándose, una y otra vez, a José Manuel de la Sota. Y en materia electoral Juez considera que no le fue tan mal.

El futuro dirá si en el caso de Ortiz Pellegrini la estrategia le da resultados.

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