Política y tira de asado a un lado y al otro del Río de la Plata

La señora Ramira mira las flores, los árboles, el humo filtrándose por entre la fronda de su precioso jardín. Luego observa al cronista con desconfianza, midiéndolo de arriba abajo. Bajita, pantalón de frisa negro y blusa violeta al cuerpo, se acomoda el escote y responde a la pregunta: "Sí, comemos asado dos veces por semana. La carne está más cara, pero por ahora podemos comerla, aunque todo ha subido ¿vio?".
Es sábado a media mañana. En La Teja, el barrio montevideano de origen obrero de donde es oriundo el presidente Tabaré Vázquez, varias casas preparan la parrilla. Se adivina en las bolsas blancas que van y vienen, en el olor dulzón del aire fresco, en el bullicio de los chicos que visitan a los abuelos. En la jornada previa al comicio, Ramona ha ido a comprar dos kilos de asado. "Son 130 pesos (unos 6,5 dólares)", dice. Enseguida pregunta: "Mi prima me ha dicho que en Buenos Aires está más caro ¿no?".

En verdad, Ramona -como tantos otros aquí, académicos y gente del común- no puede entender cómo Argentina, siendo uno de los mayores productores de alimentos, haya logrado convertir a la carne en algo suntuario. Debe añadirse que mucho menos se comprende cómo, para remediar esa situación, se haya cortado la exportación para bajar los precios internos con la idea de que el producto llegue a los lugares más humildes. El resultado fue que los precios no bajaron, que los sectores con menos recursos no compran carne y que la Argentina perdió espacio en los mercados. Uruguay tenía los mismos objetivos, pero hizo lo contrario: alentó la exportación y, con el excedente, financia el precio interno. Fue posible porque, después de muchas peleas, acordó al fin con productores y frigoríficos.

El resultado permitió que ahora se beneficie del repliegue argentino y la gente de menos recursos coma buenos cortes que no salen a la venta internacional.

El que habla ahora es el ex presidente Julio Sanguinetti. Como Ramona, tampoco el ilustre líder del Partido Colorado sale de su estupefacción. Hace poco, al hablar ante empresarios argentinos, dijo que su país nunca había recibido tanta ayuda de la Argentina para apuntalar su propia economía. Se refería así a los cientos de productores argentinos que habían cruzado el Río de la Plata para cultivar en suelos de Uruguay, donde -salvo en el cuero- no hay retenciones.

El pasmo de Sanguinetti es compartido por los ruralistas y hasta por el público consumidor que, como Ramona, se entera de lo que pasa en Argentina mirando la TV. El mismo sucesor de Sanguinetti en la presidencia y líder del Partido Nacional, Luis Lacalle, puso la situación en estos términos al hablar con Clarín: "Argentina ha ayudado a Uruguay en tres aspectos: los productores compraron muchos campos aquí y elevaron así el precio de la tierra; hubo muchos que alquilaron y elevaron el valor del alquiler porque pagaban montos que los de aquí no podían pagar; y además aportaron una valiosísima tecnología de punta, que ha mandado al cielo los rindes. Todo esto dinamizó nuestra economía".

Uruguay ha llegado a facturar US$ 1500 millones por carnes y ahora ocupa negocios descuidados por Argentina. El stock ganadero oriental es cinco veces inferior. Mientras la Argentina sigue cayendo en los rankings cárneos, Brasil ya vende más maíz que nuestro país, desalojado del segundo puesto a partir de las altas retenciones y las restricciones a las exportaciones.

"Si comparamos ambas políticas, la uruguaya ha sido excepcional", dijo a Clarín Julián Herrero de Vasconcellos, ex presidente de la Federación Rural. "Un corte de asado se consigue en las góndolas a 3,5 dólares el kilo y uno de la mejor carne, como lomo o paleta, a 10 dólares. Son precios por debajo de los de exportación logrados con acuerdos de productores e industriales. La prueba de que todas las clases ahora pueden comer carne es que aumentó el consumo nacional a 56 kilos al año", más de 25%, explicó.

Los productores admiten que han debido discutir fuerte con el gobierno, que siempre amenazó con la intervención. Pero la sangre no llegó al río. Como dijo a Clarín el economista Fernando Lorenzo, candidato al Ministerio de Economía, "el sector privado no puede hacer lo que quiere, pero tampoco podemos ignorarlo". El título del diario El Observador es un editorial en sí mismo: "El campo uruguayo tuvo un 2008 para encuadrar".

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