La política también entró a la nueva cúpula de la UIA

Por: Marcelo Bonelli

El martes asumirá Héctor Méndez al frente de la entidad, en medio de la creciente retracción fabril. Ya hay debate sobre el modelo económico y la situación poselectoral.

El empresario Héctor Méndez asumirá el martes el influyente cargo de titular de la Unión Industrial Argentina. Y así tendrá sobre sus espaldas una dura tarea política: intentar sostener el liderazgo fabril en medio del evidente freno productivo que vive la Argentina.

Ocupará por segunda vez la poltrona fabril y su llegada tiene el aval de todos los sectores internos de la UIA. Los dos principales holding argentinos integrarán la conducción: Luis Betnaza, de la poderosa Techint, y Adrian Kaufmann Brea, de Arcor. Pero el liderazgo de Méndez tendrá, además, un significado importante y concreto: un giro hacia posiciones económicas más ortodoxas y hostiles al Gobierno.

Y esto se registra en un momento clave, ya que se profundiza el debate en los factores de poder sobre la conveniencia del actual modelo económico, lo cual se reflejará en la conformación de la mesa chica de decisiones en la UIA. Miguel Acevedo -de Aceitera General Deheza- será vicepresidente primero. Acevedo rechazó la oferta de ser el titular de la UIA por las diferencias que tiene con el Gobierno por el conflicto con el agro, lo cual se reflejó en la votación del senador Roberto Urquía, socio de Acevedo, contra la resolución 125.

También ocuparán primeros lugares empresarios de ideas más ortodoxas, como Cristiano Ratazzi y Daniel Funes de Rioja. De hecho, el sector agro-fabril de la Copal contará con cuatro de los seis primeros sillones en la conducción de la UIA. Hasta ahora sólo tenían dos. Este grupo ortodoxo deberá que disputar las posiciones de la UIA con un sector desarrollista y de creencias heterodoxas.

Ignacio De Mendiguren vuelve a ocupar la estratégica secretaría de la UIA y se reincorpora otro no liberal como Pablo Challú. El ex titular de Cilfa tiene excelentes vínculos con Daniel Scioli. De Mendiguren y Betnaza apuntalaron la gestión de Juan Lascurain. El hasta ahora titular de la UIA reivindicará en su despedida la política fabril del Gobierno, pero advertirá "que frente al severo impacto de la crisis internacional es necesario reordenar el programa económico".

Federico Nicholson -otro vicepresidente- desempeñará un rol político clave. Cultor del bajo perfil a ultranza, el hombre de la firma Ledesma tiene fuerte influencia en la Copal y en la UIA. Es un articulador de acuerdos y será valioso para armonizar las divergentes posiciones internas.

Este recambio de la cúpula de la UIA se da en medio de un fuerte debate económico, del cual se adueñará toda la campaña electoral.

Méndez adhirió al modelo de los 90 y llegó por primera vez a la máxima jerarquía fabril profesando ideas vinculadas al Consenso de Washington. Pero giró al inicio del gobierno de Néstor Kirchner, al punto que guarda excelente relación con Julio De Vido. Ahora su nueva gestión en la UIA tendrá varios desafíos fuertes:

Recomponer su liderazgo, después del desgastante proceso de elección. Su nombre tuvo apoyo sólo después de que cinco empresarios declinaran ocupar la presidencia de la entidad.

Deberá mostrar independencia de criterio, a pesar de su relación con el Ministerio de Planificación.

Tendrá que iniciar una difícil gestión en medio de una marcada desaceleración industrial.

Deberá lidiar con un complejo cuadro electoral que definirá el futuro político argentino.

Precisamente, la cuestión electoral preocupa muchísimo a los empresarios. Temen que una pelea extrema termine por deteriorar la gobernabilidad del país. En privado, las máximas figuras de la Asociación Empresaria Argentina trataron el tema. Según un "memo" interno, para la gente de Luis Pagani es necesario quitarle "dramatismo" a la elección para darle "previsibilidad" a la economía y evitar que cualquier resultado afecte la gobernabilidad en la Argentina. El tema también se coló en el último y masivo viaje de empresarios a Brasil con la Presidenta. El banquero Jorge Brito compartió su avión privado con un grupo de influyentes industriales y ahí se discutió la posibilidad de un acuerdo futuro que otorgue mayor fortaleza al Gobierno.

En general, los hombres de negocios pronostican un triunfo muy ajustado del oficialismo y propician un acuerdo de cinco puntos para mantener asegurada la gobernabilidad y activa la economía. Se trata de una propuesta para después del 28 de junio. Hasta esa fecha no esperan sobresaltos, después de que el BCRA volvió a controlar una incipiente corrida cambiaria.

Los exportadores de granos triplicaron la liquidación de dólares y el acuerdo con el Banco de China otorgó por lo menos tranquilidad virtual. Ese acuerdo provocó cierto ruido en el BCRA, ya que el directorio aprobó el convenio con el voto negativo del vicepresidente Miguel Pesce.

Por otro lado, el embargo de fondos a la Embajada argentina en Francia volvió a reflejar impericia y falta de profesionalismo para tratar ciertos temas en el Gobierno. Hacía mucho tiempo que el dinero estaba líquido en una cuenta bancaria, pero nadie adoptó medidas para preservarlo de las desgastantes acciones de los "fondos buitre". La Cancillería culpó a la Secretaría de Finanzas y a los abogados en Manhattan. Hernán Lorenzino, el jefe de Finanzas, criticó la altanería de los diplomáticos para tratar el tema. La cuestión generó objeciones en la Quinta de Olivos y un alerta en todo el Gobierno. Hubo una misión secreta a Nueva York y se elaboró -para evitar otro traspié- una arquitectura jurídica especial: ya se habrían tomado recaudos para impedir el embargo de los aviones propiedad de la estatal Aerolíneas Argentinas.

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