La política del reciclado

No resulta una novedad que haya internas dentro del peronismo. La realidad es que siempre las ha habido, pero lo que resulta preocupante es que los dirigentes que ayer pretendieron encabezar los actos por el denominado Día de la Lealtad se presenten como los posibles artífices del cambio, cuando son los mismos personajes que se están reciclando desde hace 20 años.
Todos ellos han contribuido a que el justicialismo se haya convertido en un sello de goma, vacío de contenido y sin una conducción que le otorgue una visión estratégica como la que existió hace 60 años.

Kirchner, que en el fondo sigue siendo el mismo que en la década pasada, avaló y fue socio de la política de entrega de los recursos naturales orquestada por el menemismo, está intentando aprovechar la oportunidad que le está dando la alarmante incapacidad de la oposición para construir una alternativa. Por eso al santacruceño se le está haciendo extremadamente fácil cooptar voluntades de muchos de los que, hasta hace pocas semanas, se ubicaban en la vereda de enfrente.

El ex presidente sigue siendo el poder en las sombras, pese a que ya no ocupa ningún cargo político ni partidario. Pero no será esta singular característica la que aparecerá en los libros de historia. A lo sumo será recordado por haber desaprovechado un crecimiento económico del 8% anual, durante un lustro, que hubiese servido para cambiar el país y evitar que cuatro de cada diez compatriotas vivan en la pobreza, estando excluidos de toda posibilidad de ascenso social, viviendo en condiciones de hacinamiento y promiscuidad. Pero nada de eso importa al oficialismo: Kirchner no duda -y de hecho lo está haciendo- en poner al Estado sólo en función de su propia supervivencia política.

En tanto, el PJ disidente muestra una notable endeblez. Las diferencias que se registraron entre Duhalde y Reutemann, con Solá y otros dirigentes del PJ disidente, fue una muestra de la disputa de egos y protagonismo que existe en ese espacio que se vende como la alternativa dentro del peronismo a la hegemonía K. A muchos kirchneristas y justicialistas disidentes los unen los negocios, mientras que a otros los separa una línea muy estrecha. Por eso no es casualidad que dos diputados nacionales de Unión-PRO se hayan aliado con el kirchnerismo en la votación del presupuesto.

Rumbo económico

Recién en las últimas semanas comenzaron a aparecer algunos indicios de que al menos se frenó la caída de la economía. Se trata de un signo alentador, pero en el que poco ha contribuido la política económica del Gobierno nacional cuya única propuesta parece ser la de aplicar tarifazos, meter la mano en los recursos previsionales y seguir estrangulando a los sectores productivos.

Tanto el presupuesto nacional, que ya recibió media sanción, como el de la provincia de Buenos Aires, que el viernes ingresó a la Legislatura, dan pocas perspectivas de cambios. Se estima que al menos 12 provincias tendrán serios problemas para cerrar sus cuentas, y dependerán de la dádiva de la Casa Rosada para poder pagar sus salarios en tiempo y forma. Y todo indica que la administración bonaerense estará incluida en este paquete.

El presupuesto 2010 en la Provincia no contempla ni un centavo de aumento para estatales, docentes y policías, lo que hace prever una ola de reclamos que se irán intensificando de acá a fin de año. A ello se le suma la decisión de seguir utilizando los fondos superavitarios del Instituto de Previsión Social, que son aportados por los trabajadores de la Provincia y de los 134 municipios bonaerenses, para hacer frente al déficit. La política de Scioli para afrontar la falta de recursos pasa por seguir endeudándose, sumando al pasivo unos $ 10.716 millones en 2010 a través de la emisión de títulos públicos y la toma de créditos de diferentes organismos nacionales e internacionales.

El gobernador parece haber desistido de todo intento de que la Provincia recupere los puntos de coparticipación que le corresponde a partir de lo que aporta al PBI nacional. Ni siquiera tendría intenciones, por la alianza política que tiene con los Kirchner, de reclamar que se cumpla con la ley actual para que se distribuya el 15% del impuesto a las Ganancias entre las provincias, con lo cual deberían haber ingresado unos $ 1.082 millones a las arcas bonaerenses en lo que va del año. Una actitud similar tiene Scioli con el impuesto al Cheque, cuya recaudación seguirá quedando, nuevamente, en las arcas nacionales. Mientras tanto, los niveles de pobreza y marginalidad en la Provincia seguirán aumentando. ¿Hasta cuándo se podrá seguir mirando para otro lado?

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