La política puede dejar sin cazas a Lula

La compra de 36 cazas para la Fuerza Aérea de Brasil (FAB), en un contrato de 5.700 millones de dólares, puede quedar en el aire como una pesada herencia política para el próximo presidente del país.
La posibilidad surgió después de que se filtraran al diario Folha de São Paulo las conclusiones del informe técnico final de Aeronáutica, que evalúa como la mejor opción de tres en cuanto a desempeño y costos, al modelo Gripen NG del fabricante sueco Saab y deja en tercer lugar, detrás del Boeing F-18 Super Hornet norteamericano, al caza francés Rafale. El modelo del fabricante Dassault es el favorito del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, que privilegia la "decisión política" de comprar el Rafale para fortalecer la alianza estratégica con Francia, país al que Brasil compró el año pasado cincuenta helicópteros y cinco submarinos, uno de ellos nuclear.

Una controversia con los militares puede tener elevados costos en pleno año electoral, en el que Lula apuesta por dejar como sucesora en el cargo a su jefa de gabinete, Dilma Rousseff.

El F-18 es considerado la mejor opción técnica, pero Boeing no acepta un traspaso de tecnología de la magnitud que ofrecen Saab y Dassault, lo que limita la independencia de la industria militar brasileña. A su vez, el gobierno de Lula señala que el nuevo Gripen todavía está en diseño.

El gobierno francés ha ofrecido traspasar toda la tecnología del Rafale a Brasil, incluidos los códigos fuente de las computadoras que manejan los sistemas de armas y motores de la aeronave. Los críticos del caza observan que su costo duplica al de su competidor sueco y que Francia no ha conseguido venderlo a ningún otro país, pese a que lleva catorce años en operación.

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