La política y el poder

Por: Ricardo Kirschbaum

Néstor Kirchner ha definido el carácter de esta elección marcando a fuego el campo entre amigos y enemigos, jugando todo el domingo 28 de junio. Para ese combate decisivo no le sirven las medias tintas ni los timoratos. Ni siquiera los objetores de conciencia, como Alberto Fernández, que debieron masticar vidrio, abandonar sus preferencias, y alinearse formalmente con las necesidades del jefe político.

Las batallas, para Kirchner, son a cara de perro. Así siempre ha entendido la política. Ganar o perder son dos posibilidades, que no incluyen la negociación. Apenas algunas treguas tácticas que busca establecer solo para encontrar terreno firme y lanzar una nueva ofensiva. Ese es el carácter de esta contienda en la que la derrota es, por primera vez, una alternativa considerada y la victoria sólo un pasaje a la mesa de supervivencia para la negociación de la candidatura del 2011.

Si el estratega de Olivos vislumbrara otra posibilidad, no habría movilizado a la reserva táctica, a todas sus fuerzas, evitando volver a transitar caminos y recursos que él y su esposa se cansaron de criticar cuando otros los usaron.

Macri y De Narváez aceptaron el convite y han decidido ir, también, al choque frontal. Consideran que son estas las circunstancias que pueden auparlos al poder si logran un buen resultado en la Provincia. Se entienden con la mirada y dicen que a Felipe Solá es mejor esconderlo en la campaña, asumiendo que ellos tienen mejor relación con la gente que la que el ex gobernador puede ofrecerles.

Esconden, también, cierta incomodidad de un matrimonio de conveniencia con la política. Se esfuerzan en mostrar que han aprendido los códigos en un curso de lectura veloz. Hablan como políticos, se mueven como políticos, pero es una práctica que les resulta extraña.

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