La política de Papá Noel

La denuncia contra el diputado provincial Juan Carlos Juárez no deja de revolver el estómago. El hecho en sí, separado de un marco más general, despierta indignación y variadas sensaciones escatológicas.
Pero que el árbol no tape el bosque. El problema trasciende el caso de un legislador que juega a Papá Noel con fondos públicos. El problema es que en términos de la política actual se vive en una Navidad permanente y generalizada. La Navidad de las dádivas y la compra de voluntades, donde los regalos los pagamos todos. Son obsequios, claro, que no mejoran las condiciones de vida del conjunto. Al contrario.

Así lo demostró el mundillo político local cuando se conoció el caso de “Papá Noel” Juárez. Las frases que se escucharon en los pasillos del Concejo Deliberante dan cuenta de un mal estructural que causa alergia.

Casi nadie evidenció sorpresa. Incluso aquellos que están cerca del diputado aseguraron, siempre en conversaciones informales, que la noticia no les generó extrañeza. La razón: en esas esferas todos conocen muy bien las “ventajas” con las que cuentan los legisladores. Sí, entendió bien. Todos saben que sus jefes, aliados circunstanciales y adversarios políticos juegan a Papá Noel con el dinero de todos. Y siempre hay renos listos para tirar del trineo.

“Quien esté libre de pecado que arroje la primera piedra”, dice Jesús. El lenguaje de la calle, que siempre es más directo y realista que el bíblico, explica ese comportamiento utilizando la denominación de un juego de naipes que remonta a la parte del cuerpo por donde se eliminan las sobras del sistema digestivo.

Pero atención, en esta política no todo es culo sucio. También hay códigos. Y Eliana Cufré, la mujer cuya denuncia involucró a Juárez, los rompió. Eso no se hace, pensaron algunos en el segundo piso del Palacio Municipal. Es decir, si Papá Noel se queda con gran parte de los regalos prometidos hay que callarse la boca. Porque si Papá Noel restringe varios regalos, es para repartirlos entre otros, o al menos eso dice. Qué linda que es la Navidad, qué bueno es Papá Noel y qué malagradecidos son algunos.

Hasta acá nada de otro mundo. Es la famosa caja negra de regalos que muchos consideran que pueden utilizar a discreción, ya sea como limosna o como alcancía personal.

Aquellos políticos honestos lo saben bien. Pero también saben que es parte del juego. En esa política, hay que permitir concesiones, o en lenguaje del ex gobernador Felipe Solá, “hay que hacerse el boludo”.

Todo muy lindo y democrático. Según esa lógica, el que es elegido tiene dos opciones: ponerse el traje y subirse al trineo, o mirar para otro lado.

Pero un problema acarrea otro, mucho más grave. Esta forma de hacer política navideña es un buen antídoto contra los cambios. El anticuerpo funciona. Los buenos, como se dice en la calle y en las películas, no quieren saber nada con la política. Y de esa manera el staff de actores nunca cambia. La corrupción opera, en estos términos, ahuyentando a los bienintencionados. Así se garantiza la continuidad del circo.

Se habla de luchar contra la corrupción como se habla de combatir la pobreza. En la práctica, todo es distinto. Se alimenta la rueda de la corrupción y el único combate, en caso de que molesten demasiado, es contra los pobres, no contra las condiciones que los generan. En esos términos, corrupción y pobreza van de la mano. Sin pobreza, Papá Noel vería restringido su campo de acción.

Por eso la decisión de Eliana Cufré de aceptar unos pocos pesos sin trabajar -en otras palabras aceptar ser “ñoqui” en un bloque de la Cámara de Diputados bonaerense- tiene sus atenuantes. Las responsabilidades no pueden estar en la misma línea. Cufré vive en la indigencia, y Juárez es un diputado provincial. La capacidad de discernimiento entre el bien y el mal son radicalmente desiguales. Las necesidades materiales también. Querer equiparar las responsabilidades, como algunos intentaron en las últimas semanas, es según el lenguaje callejero otra “hijaputés”.

Pero el círculo se cierra con otro anticuerpo todavía más efectivo, directamente relacionado con el primero. Aquel que restringe la palabra política a ese chiquero navideño. El término política, en realidad, es mucho más amplio. Por ejemplo, engloba a toda actividad humana tendiente a generar un cambio.

Pero política se ha transformado en una palabra incómoda. El presidente de tal sociedad de fomento aclara que no hace política, que sólo trabaja para el barrio. En las escuelas está prohibido hablar de política. Alcanza con enseñar educación cívica, y olvidar que la ciudadanía es una construcción estrictamente política, ideológica. El resultado son jóvenes amebas que despotrican contra la política, aunque sólo conocen o imaginan la porción sucia y chiquita de ella. Papá Noel se convierte así en el dueño de la pelota.

Resulta paradójico, aunque no casual, que política se convirtió en una mala palabra dentro de un sistema democrático que tiene 25 años de continuidad.

“Política hacemos todos al caminar”, pregona el cantautor Raly Barrionuevo. Las hay de todo tipo. Miserable, mala, navideña. También sublime, sacrificada, desinteresada materialmente. La hay partidaria o fuera de esa estructura. Con trineo o con pies embarrados y manos limpias.

Empezar a reconocerse como sujetos políticos es comenzar a visualizar un cambio. Entender la práctica política de manera amplia, es iniciar el desarme del trineo, perderle miedo al término, afeitar a Papá Noel y, de paso, hacerlo adelgazar hasta que muera por inanición.

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