La política por otros medios

Como habrían exclamado al unísono los adolescentes Beavis & Butthead, la familia Obama es lo que nunca fueron los Bush: ¡cool! Fidel Castro lo resumió en el diario oficial Juventud Rebelde con un énfasis que no lo ha desertado a sus 83 años: el Premio Nobel de la Paz para el primer presidente negro en la Casa Blanca es a la vez una "medida positiva" y un castigo para "las políticas genocidas" de su predecesor republicano.
ITALIANÍSIMOS. También el megamagnate de los medios Silvio Berlusconi encuentra cool a Obama, y volvió a envidiar públicamente su bronceado tan natural. El premier centroderechista italiano vivió una semana signada por las contrariedades. A las marchas antifascistas a Roma por la libertad de prensa siguió un fallo de los tribunales que quitó las inmunidades personalísimas que lo protegían hasta ahora de la persecución judicial. Il Cavaliere clamó que pondrá fin a la conspiración de la izquierda. Si es cierto que el presidente de la república, el ex comunista Giorgio Napolitano, apoya la decisión, también lo hace una Iglesia católica que desaprueba la difusión de las imágenes de su vida sexual poco culposa en la isla de Cerdeña (en la foto, Napolitano, su esposa Clio y el papa célibe Benedicto XVI).

MASSMEDIÁTICOS. La revista de izquierda británica New Statesman se reinventó con un nuevo y crecido formato, y un número especial dedicado a las 50 personas que realmente importan. Si al supercool Obama toca el primer lugar, el segundo es del australiano Rupert Murdoch y su hijo James. La News Corporation que dirigen erosiona todo límite entre poder del Estado y operaciones de los medios. Si lo mismo hace Berlusconi con sus diarios y editoriales y canales de televisión e internet, sólo los globales Murdoch cruzan tantas fronteras continentales, e influyen sobre la opinión de Moscú a Montevideo, de Vancouver a Bangkok.

SINCRÓNICOS. En un planeta donde la información es el bien más precioso, los Murdoch piden a políticos como el laborista Tony Blair o el conservador David Cameron que se presenten ante sus ejecutivos, que juzgarán si merecen o no su favor. A pesar de los estilos contrastantes, que van desde The Wall Street Journal de Nueva York hasta el Times de Londres, todos los medios gráficos y audiovisuales de los Murdoch concurren en una unanimidad que el ex editor del Statesman, Bruce Page, llamó "el equivalente intelectual del nado sincronizado". Ninguno se opuso a la invasión angloamericana de Irak, aunque algunos, como la revista Modern Fishing, que se dedica a la pesca, permanecieron mudos como una carpa. Ninguno duda de los méritos del mercado. A diferencia de otros magnates mediáticos, los Murdoch son muy razonables: no les interesa política alguna, sólo el poder y el control. Todo lo que hará crecer a la empresa, es bueno. Ahora se interesan por combatir el calentamiento global: un planeta tóxico no es bueno para los negocios.

ENERGÍVOROS. Los republicanos, a los que favorecen los Murdoch, no tienen más remedio que disentir e insistir en que Obama no es para nada cool. Les parece que el Nobel de la Paz para un presidente norteamericano es un equivalente simbólico de la castración; no dudan en decirlo. Otro signo ostentoso del poder que se ha desgarrado de Estados Unidos es el de las fuertes Hummer. La marca de las 4x4 más belicosas y arrogantes fue vendida por General Motors (GM) a la empresa china Sichuan Tengzhong Heavy Industrial Machinery. La venta será por 150 millones de dólares; en su balance general, GM había estimado que valía 500 millones. Célebres por su carrocería y apostura, impresionantes para los impresionables, las ventas de los Hummer habían caído por el alza de los precios del petróleo y en consecuencia por la crisis económica. Muy energívoros, estos vehículos gastan 14 litros de nafta cada 100 kilómetros.

CONSPIRANOICOS. Si el primer lugar en la lista de 50 imprescindibles de la revista Statesman lo ocupa Obama, el último es de Dan Brown, best seller de la teoría de la conspiración, que vendió 80 millones de ejemplares en 44 idiomas de El Código Da Vinci, fantasía que narra el ocultamiento del matrimonio entre Jesús el Hijo de Dios y la prostituta María Magdalena. El novelista que trató a la Iglesia católica como una sociedad secreta muy poco respetable, en El símbolo perdido, que ya es superventas, se dedica a los masones. En el diario online Politico, Eamon Javers reveló a los masones que están en Congreso, en lo que parece una conspiración derechista. Joe Wilson, que acusó en la cara a Obama de "mentiroso", pertenece a una logia de Washington, y Eric Cantor, líder republicano, opositor del plan de salud universal de los demócratas, es miembro de la logia de Richmond. También hay sorpresas: el supercool Obama, en una noche reciente, abandonó súbitamente la Casa Blanca y pasó veinte minutos dentro del obelisco de Washington, donde la novela de Brown llega a su clímax. Tardó 13 minutos en volver a la casa de gobierno.

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