La política juega al achique

La verborragia de la Presidenta la hizo quedar en "posición adelantada". La falta de independencia destiñe la imagen de los legisladores. Los mensajes que da Amaya. Por Federico van Mameren - Secretario de Redacción.
En sus momentos de gloria, César Luis Menotti jugaba a explicar el mundo futbolístico con los conocimientos que abrevó en algunos libros de filosofía. Atraía el discurso (verso le llaman sus detractores) del director técnico cuando hablaba de la libertad, de la felicidad o del amor vinculado a la pelota o a la cancha. Y, hasta se animó a decir que un equipo se conforma con pequeñas sociedades o que la identidad del fútbol se construye sobre la base de su historia.

Esta semana fue al revés. Algunos cuestiones vinculadas al fútbol ayudaron a comprender cómo funcionan determinado temas del laberíntico mundo del poder.

El jueves, Cristina Fernández de Kirchner lo vio a Diego Armando Maradona a su izquierda y se animó a gambetear. Escuchó los aplausos de sus funcionarios que vivan lo que sea sin pensar, sólo con la intención de quedar bien. La Presidenta sintió que nadie la paraba y pateó al arco. Gol. Todos gritaron el gol... en contra. Desde el atril su cuidado discurso fue chabacano y equivocado y se hizo un gol a sí misma con la incoherente comparación sobre los goles que guardaba la televisión para que se vean dos días después en Fútbol de Primera. Habló del "secuestro" de goles y los relacionó con los 30.000 seres humanos cuyos restos vaya a saber dónde fueron a parar. Hizo una de más en la cancha de los Derechos Humanos donde ella siente que juega de local.

El puntapié inicial

Para definir este nuevo esquema del negocio del fútbol, los dirigentes de los clubes fueron a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y levantaron la mano para que se haga la voluntad de Julio Grondona, no lo que convenga más o lo que la conciencia mande. Eso quedó claro cuando la dirigenta de San Martín, María Jesús Rivero, confesó que no sabía lo que votaba y que ella levantó la mano. Estaba autorizando a la AFA ha participar de un negocio millonario. Luego se autocriticó por este error. Ya era tarde.

Trece firmas

Aquella fue una metáfora de lo que días después iba a ocurrir en la Legislatura de Tucumán. El gobernador, José Alperovich, les ordenó que gravaran con el impuesto a los Sellos las actividades productivas vinculadas con la construcción, el agro, la minería y la industria. Legisladores de la talla de Fernando Juri Debo, Roque Alvarez, José Alberto Cúneo Vergés, Carolina Vargas Aignasse, Miriam Gallardo, Hugo Gacioppo, Reinaldo Jiménez, Susana Montaldo, Marta Zurita, Olijela del Valle Rivas, Sisto Terán, José Gutiérrez y el presidente subrogante, Sergio Mansilla, suscribieron ese proyecto de ley.

Se trata de 13 expertos de la cuestión pública, más de una decena de hombres y mujeres que saben de estas cuestiones y que, salvo dos o tres excepciones, acumulan más de un lustro de experiencia en la gestión. Sin embargo, no leyeron -y si lo hicieron, evitaron decirle no al gobernador- lo que les mandó el Poder Ejecutivo y estamparon la firma. Transmitieron la sensación de que en vez de asumir su rol institucional, optaron por la obediencia debida. Exactamente lo mismo que pasó en la AFA.

Con el correr de los días, el gobernador dio marcha atrás a este "sellazo" y los legisladores -una vez más y ya van muchas- tuvieron que borrar con el codo lo que rubricaron con la mano.

Con estas actitudes siguen, inncesariamente, sumando puntos para el descenso de las instituciones tucumanas que se ajustan a los caprichos de la Casa de Gobierno aunque sea un poder constituido como es la Cámara Legislativa.

Los 13 avalaron ese proyecto procurando defender "el principio de igualdad entre los contribuyentes a fin de lograr una distribución más equitativa de las cargas tributarias". Es decir que porque "José lo dice" ellos resolvieron no defender el principio de igualdad ni ocuparse de una distribución equitativa, como decían en los fundamentos del proyecto de ley. A estos absurdos se arriban por no cumplir con el mandato popular.

Pareciera que estos papelones no tienen importancia para Alperovich. Y, como al mandamás no le preocupa, los legisladores ni siquiera se ruborizan.

Tanto va el cántaro...

Domingo Amaya, aunque no parezca, no se pone colorado con sus actitudes. De nuevo, el intendente de la Capital miró para otro lado y no quiso firmar el aumento del boleto de ómnibus que aprobaron los concejales por orden del gobernador Alperovich. Así como hace y deshace cosas en la Cámara, también maneja los hilos del Concejo Deliberante de San Miguel de Tucumán.

El dueto Alperovich-Amaya fue exitoso y le sirvió al peronismo para que no gane el bussismo en la capital. Pero desde hace rato que hay desconfianza de ambos lados y después de los comicios del 28 de junio, las diferencias se profundizaron.

¿Qué se puede interpretar de la decisión de Amaya al no acompañar el aumento del boleto? 1) Que no es necesario el incremento. En ese caso debió haberlo vetado y asumir el rol y el poder que le dio la ciudadanía. 2) Que no está de acuerdo con Alperovich. ¿Por qué no hablan antes, especialmente si se trata de un tema que afecta un altísimo porcentaje de la población? 3) Que no tiene hombres propios en el Concejo Deliberante que defiendan su posición, salvo que sean de la oposición. 4) Que hay algo raro en la postura de aumentar el precio y que no se anima a decir y mucho menos a avalar con su firma.

Todas las opciones señaladas se convierten en una bomba de tiempo que ya fue activada en la Capital de la provincia.

En la Casa de Gobierno subestiman a Amaya y muchos señalan que algunas acciones del intendente se deben al manejo que realiza entre las sombras el diputado nacional Germán Alfaro. Por ese motivo es que ya se habla como si fuera un hecho que la esposa del legislador nacional, Beatriz Avila, no será reelecta vicepresidenta segunda de la Cámara en octubre. Muchos levantan la mano y profundizan su obsecuencia para que el gobernador lo elija. Sin embargo, la idea de los "sijosesistas" es que siga ocupando el lugar una mujer y que sea de la Capital. Susana Montaldo reúne ambos requisitos.

Luces amarillas

El gobernador sonríe y se siente fuerte al compararse con otras provincias que están desesperadas mendigando plata.

No obstante, hay señales de descomposición que lo van a obligar a retomar riendas que andan flojas.

En la agenda debería anotar que tiene que revertir el índice de pobreza que superaría el 35% en la provincia y que en 2006 estuvo en el 22%.

También debería figurar cómo evitar que siga aumentando el desempleo que, en el segundo trimestre del año se ubicó cerca del 9,7%, lo que significa dos puntos más que en igual período del año pasado.

Pero la crisis no sólo tiene que ver con lo económico, sino también con lo político. Alperovich juega con ventaja, ya que el radical José Cano todavía no se dio cuenta de que la ciudadanía lo ha elegido como el gran referente de la oposición. El legislador radical tiene el síndrome del equipo recién ascendido y sigue jugando en la división inferior. Mientras se distrae con los problemas universitarios y en cómo pagar favores a los amigos, Alperovich sigue disfrutando que no exista la oposición en la provincia.

Los padecimientos sociales como la droga y la inseguridad son los puntos rojos que desconcierta a la dirigencia política (opositores y oficialistas). También hay hechos aislados como el expediente que se quedó dormido en el escritorio del fiscal Carlos Albaca. Hasta allí llevó la Brigada de Investigaciones la denuncia de un funcionario del Subsidio de Salud. Este fue alertado de que hay quienes quieren que se aparte de sus funciones por un tiempo y así se lo hicieron saber. El patoterismo, las apretadas y las extorsiones no deberían ser parte de administraciones del siglo XXI. De estos hechos estarían enterados varios ministros, pero sin embargo, todos se han mantenido en silencio.

"Hagamos las cosas bien, los buenos resultados vendrán solitos", solía decirle Menotti a sus dirigidos.

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