Política y fiscalmente, el Gobierno deberá repensar todo

Por Carlos Pagni

Mientras había votos y superávit fiscal, la política era, para los Kirchner, un microcosmos perfecto. Allí no había otra ley que su deseo. El problema se presentó cuando se perdieron las elecciones y empezaron a escasear los fondos para consumir. Entonces, apareció el otro, los otros, y, con ellos, los límites.

Las dos contratiempos ocurrieron casi al mismo tiempo. A comienzos de diciembre, en el Congreso se instaló una oposición capaz, a pesar de su fragmentación, de bloquear al Poder Ejecutivo. Y Amado Boudou resolvió, a falta de recursos más a mano, la colocación de un bono en el sistema financiero internacional. Antes debía negociarse otro canje de deuda impaga y, para fortalecer al Tesoro en la pulseada, crear un fondo de respaldo con reservas del Banco Central.

Al avanzar en esas operaciones, la Presidenta y su esposo no advirtieron que se estaban asomando al espacio exterior, donde la realidad se rige por reglas indiferentes a su voluntad. Los decretos de necesidad y urgencia ya no serían convalidados por una mayoría automática en el Congreso. Y el sistema financiero -es decir, los innumerables ahorristas invitados a solventar el gasto público argentino- no se mueve con códigos clientelares. La oposición y el mercado son los otros, que ahora delimitan la extensión del poder.

De golpe, entonces, la escena quedó cubierta de jueces y camaristas, de aquí y de allá, y se volvió incomprensible, salvo para quienes descifran los enredos procesales. Esta "judicialización de la política", que tanto irrita a la abogada Cristina Kirchner, se debe a una saludable novedad: con la derrota electoral y la falta de dinero, es decir, con la crisis de un liderazgo dominante, apareció la ley. Es lo que termina pasando cuando hay otros.

Para no ahogarse en esta nueva atmósfera, el Gobierno necesitaría mejorar su bagaje técnico. En principio, haría falta un abogado. A Carlos Zannini, el secretario legal y técnico, no se le ocurrió que la apropiación de las reservas podría derivar en un embargo. Tampoco lo imaginó Sergio Chodos, responsable de las cuestiones jurídicas en el directorio del Banco Central e inspirador del experimento del Bicentenario. Es verdad que el estudio Sullivan & Cromwell había advertido lo que podría decidir el juez Thomas Griesa. Pero, ya se sabe, los Kirchner se guían por Zannini. Y Boudou, por Chodos.

Por suerte, Griesa rehabilitó la cuenta del Central en la Reserva Federal. El embargo había comenzado a tener efectos operativos en las mesas porteñas el viernes. Hubo problemas para entregar dólares, lo que obligó a cerrar transacciones en euros y a postergar algunos pagos. Se supone que hoy estará todo resuelto.

Lluvia ácida

A pesar de la cordial gestualidad de la Presidenta con su ministro de Economía, sobre Boudou está cayendo la lluvia ácida de Olivos. Allí lo mortifican con el rumor de su reemplazo. Débora Giorgi, la ministra de la Producción, encabeza la lista sucesoria. Pero Boudou no tiene nada que temer. Lo sostiene Martín Redrado. El enigma es cuánto más estará el presidente del Central en su cargo. Los Kirchner quieren que renuncie esta semana. Si no, lo amenazan con una embestida escabrosa, similar a la que tiene acorralado a Mauricio Macri en el juzgado de Norberto Oyarbide. El juez, qué casualidad, sería el mismo. ¿También los motivos? La inquina contra el presidente del Central es comprensible: sólo una calamitosa debilidad del Gobierno podría explicar que se prolongue la resistencia de alguien que en general ha sido dócil a las instrucciones del matrimonio gobernante. Hay que terminar con esa pequeña rebelión antes de que se produzcan otras.

Más allá de las emboscadas, quedó expuesta la mayor fragilidad de los Kirchner: es la dificultad para financiar un gasto público fabuloso. Mientras agoniza el Fondo del Bicentenario, entró en terapia intensiva el canje de deuda con los holdouts .

Boudou pensaba anunciar ese acuerdo en estos días. Pero tuvo que anunciar que la SEC (comisión de valores de la Bolsa de Nueva York) pidió precisiones sobre el uso de las reservas internacionales y sobre la elaboración de los índices estadísticos. Es lógico. ¿O acaso Boudou suponía, cuando preconizaba "el regreso a los mercados", que lograría eludir los estándares que rigen ese mundo? Además, esta crisis ha modificado los términos de la transacción. Los títulos ya no rinden 10 sino 12 por ciento. Y los tenedores de bonos temen que los activos involucrados en el canje sean embargados. De a poco esos amigables holdouts de Boudou pueden ir mutando en "fondos buitre" o, peor, en ratas del Riachuelo. Bastaría con que naufragara la negociación.

Sería un fracaso peligroso. La reestructuración era una viga maestra en la estrategia fiscal con que Néstor Kirchner pensaba llegar a 2011. A partir de ella se colocarían, hacia julio, más títulos en el mercado. Ahora habrá que pensar todo de nuevo. En el Central estudian alternativas al Fondo del Bicentenario. La compra de letras al Tesoro, defendida por Mario Brodersohn, es una de ellas. Otra es modificar los topes establecidos por la Carta Orgánica para realizar préstamos a Economía. Allí se habla del 12% de la base monetaria o del 10% de la recaudación anual. "Hay que encontrar una ecuación para conseguir, por otra vía, los US$ 6500 millones que pensábamos tomar de las reservas", explicó a LA NACION un funcionario del banco.

Fragilidades

A la fragilidad fiscal se le sumó la política. Negados a una negociación con la oposición, o a corregir los decretos, los Kirchner deambulan sin hoja de ruta en una peripecia judicial y parlamentaria anodina y desgastante.

El esposo de la Presidenta confía en que la Justicia le dará la razón. Y cree que el control del Senado le alcanza para convalidar los decretos de su esposa. Tal vez menosprecie las conversaciones que lleva adelante el pampeano Carlos Verna con el radicalismo. Ansioso, Kirchner insiste: "Déjenme manejar todo a mí; cuando se meten otros es para perjudicarnos". Genio y figura.

En Diputados los desafíos son más complejos. Si Eduardo Fellner no convoca a la cámara, ésta podría reunirse, el miércoles, sin el oficialismo. La oposición está dividida, es cierto. Pero sus dos fragmentos compiten en agresividad contra el Gobierno. Uno de ellos -Acuerdo Cívico y Social, PJ disidente, Pro- lo bloquea. Pero el otro -Pino Solanas, Claudio Lozano-, pidiendo que se revise la deuda, ha comenzado a corroerlo por dentro.

Ya se notan los efectos. Emilio Pérsico y Fernando "Chino" Navarro, líderes del movimiento Evita, le adelantaron a Kirchner que promoverán una bicameral para que, en seis meses, dictamine sobre la legitimidad de la deuda. Le responden a Solanas, pero desafían a la Presidenta. "Todas las deudas son legítimas", dijo ella.

La misma agrupación reclamará que las reservas se destinen a fondear una asignación universal más generosa para los pobres. Y, para ratificar su ultrakirchnerismo, intentará iniciar un "juicio ético" a Julio Cobos, con abogados y todo. Al agredirlo tanto, los Kirchner van dejando en claro que, si se tuvieran que ir, preferirían ser sucedidos por Cobos. Como le confesó Juan Perón a Carlos Pedro Blaquier al regalarle un bastón de mando: "Los peronistas no le entregamos jamás el bastón a otro peronista, salvo que sea nuestra esposa".

El esposo de la Presidenta no acostumbra a desautorizar a su ala izquierda. El 11 de marzo, escuchará a Pérsico durante un acto en el que los piqueteros pretenden reunir 30.000 personas en el estadio de Atlanta. Habrá que ver qué les dicen los Kirchner a estos feligreses, a los que les habían prometido una saga más heroica que la de esperar, en tribunales, el tedioso regreso a los mercados.

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