La política española se crispa por la crisis y los escándalos

El socialismo y la oposición conservadora, enfrentados en un intercambio de agravios
MADRID.? El gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero es una "dictadura" y Mariano Rajoy, líder del opositor Partido Popular (PP), es el "padrino" de una mafia política.

Ambas afirmaciones provienen de legisladores y funcionarios españoles ávidos de hallar los términos más vejatorios, con el solo fin de lastimar la imagen de unos adversarios que a poco se encuentran ya de transformarse en enemigos.

Los cruces verbales son ya una rutina diaria en España. Al calor de la crisis económica más profunda desde el retorno de la democracia a este país y de los escándalos de corrupción que golpean indistintamente a sus dos principales partidos, el intercambio de ideas, propuestas y críticas entre socialistas y populares parece haber dado lugar a un ida y vuelta de insultos, amenazas y caricaturas agraviantes.

Si bien no existe una fecha precisa del inicio de este intercambio, sí se puede hablar de un "epicentro" capaz de explicar y resumir la gravedad de los actuales temblores: las denuncias de la secretaria del PP, Dolores de Cospedal, acerca de presuntas escuchas telefónicas del gobierno a funcionarios de su partido, no investigados por corrupción. Ese es el punto alrededor de cual circulan todas las controversias.

Sin precedente

Visiblemente animada por la exoneración judicial parcial de su correligionario Francisco Camps, cara visible del caso Gürtel, la dirigente popular arremetió contra el gobierno de Rodríguez Zapatero. Lo acusó de haber instaurado en España un "Estado policial" cuya meta sería "utilizar a las instituciones, a la fiscalía general, a la policía judicial, a los servicios del Ministerio del Interior y al Centro Nacional de Inteligencia" a la merced de los más elevados funcionarios del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

El amplio espectro y calibre de este ataque, sin precedente desde la restauración democrática, que Cospedal cree hoy "en grave riesgo", motivó la reacción visceral del oficialismo, que, sin poder ignorar el tenor de estas declaraciones, optó, a través de sus voceros, por pedirle el retiro de la vida política a la enconada dirigente.

A pesar de las potenciales heridas judiciales y políticas que las declaraciones de Cospedal pueden provocar, los representantes más encumbrados del PP prefirieron hacer caso omiso de los tibios llamados a la cordura que se escucharon por estos días. Y decidieron redoblar la embestida contra el PSOE con el visto bueno de su resistido líder, Mariano Rajoy.

Así, cuando las declaraciones de Cospedal aún recalentaban la atmósfera nada vacacional de este atípico agosto, otro funcionario popular, el ignoto vicesecretario nacional para Asuntos Territoriales, Javier Arenas, calificó públicamente de "dictadura" al gobierno de Rodríguez Zapatero por "perseguir a la oposición" y "crear un clima político irrespirable" en el país.

Contraataque

Este segundo agravio encontró en el PSOE otra respuesta instintiva que volvió a colocar a esa fuerza política a la rasante altura de lo que alguna vez había sido un debate.

Más allá de la analogía zoológica de Fátima Aburto, la diputada socialista por Huelva que llamó "loro" a Arenas, otros compañeros de partido no dudaron en llamarlo "canalla" y en señalar a Cospedal como una mujer que sobresale por su "altanería, gallardía y prepotencia".

El contraataque no culminó allí. Entre las diversas escaramuzas iniciadas en todo el país por pequeños y medianos funcionarios de ambos partidos, en los últimos días cobró especial notoriedad una caricatura difundida en Internet por el diputado nacional del PSOE por Valencia, Herick Campos Arteseros, que ridiculiza con muy mal arte a Camps.

En ese montaje fotográfico, aparentemente diseñado por el mismo legislador, el presidente de la Comunidad Valenciana aparece vestido con un traje de 30.000 euros, como aquel que fue acusado de recibir como soborno a cambio de algunos de los favores políticos que dieron vida al caso Gürtel, sólo que de la manga penden las esposas que refirman su culpabilidad.

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