La política que enferma

Por: Ricardo Roa

No se puede decir que el Gobierno metió enteramente debajo de la alfombra el alarmante crecimiento de la Gripe A. Sí que lo tapó hasta donde pudo. Y que postergó cosas que debió hacer, en un grave y costosísimo ensayo por evitar que el problema afectara sus chances electorales.

El tema no apareció en la agenda oficial con la magnitud que tenía hasta después de los comicios. En su lugar, hubo anuncios de obras electorales de a uno, dos o tres por día. Y este lunes la Presidenta dedicó una hora a minimizar la derrota y apenas un párrafo tangencial a la pandemia. ¿Por qué, cuando se conocieron los primeros casos hace ya más de 40 días, no se creó conciencia en la población y se hizo circular las recomendaciones mínimas? Hasta mucha gente creyó que la gripe común era más seria que la A sin que se supiera todo lo seria que ésta podría ser.

Seguramente no habría sido posible parar el brote. Pero hay expertos que dicen que pudo haberse atenuado si se hubieran dado instrucciones precisas a los médicos. Y distribuido masivamente el antiviral para aplicarlo en forma preventiva en los grupos de riesgo, sin esperar a que se comprobara la presencia de la enfermedad. En los primeros dos días de esta semana empezaron a caer como en catarata las decisiones. Y recién ayer el Gobierno anunció un paquete de medidas con la asunción de un especialista en el Ministerio de Salud (Autorizan a embarazadas a no ir a trabajar por la gripe A) Salvo la creación de un Comité de Crisis que no sesionó en la semana de la elección, en todo este tiempo hubo iniciativas particulares y acciones fragmentadas. Quien paga por los errores, la desidia y el ocultamiento es la gente. Y por partida doble. Con la salud y pérdida de días de trabajo. Y también por los costos que todo esto ocasiona a la economía.

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