La política nos empuja a otra transición salvaje

Por Fernando Gonzalez

No es extraño que los empresarios argentinos tengan la sensación de que la economía puede mejorar mientras la política vuelve a convertirse en el factor que podría arruinarlo todo. Sólo hay que mirar la historia reciente del país para comprobar como el mismo pecado se repite una y otra vez en cada ciclo político.

Raúl Alfonsín aceleró el final de su gestión cuando dejó una sensación claudicante en su negociación con los carapintadas que lo jaquearon con cuatro intentos de golpe de Estado. Y la economía lo pagó con creces. El festival de corrupción (más de 100 funcionarios procesados) y el torpe intento de re reelección complicaron los últimos años de Carlos Menem en el poder y prepararon el desastre que vendría.

La renuncia de Chacho Alvarez y el estilo desesperante de Fernando De la Rúa agitaron el cóctel para que la Alianza se derrumbara y derrumbara al país. Y ahora son los Kirchner, los que agudizan el conflicto con el campo, con los empresarios, con la prensa, sin respetar los límites que la sociedad les puso el 28 de junio al enterrar en la derrota a sus candidatos, incluído al ex presidente. Las variables económicas resisten hasta ahora pero el embate es tan grosero como para arrastrarnos una vez más a la trampa de otra transición salvaje.

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