Una política económica testimonial

Por Néstor O. Scibona

Con mayoría propia o sin ella, en las dos cámaras del Congreso, a partir de julio, el matrimonio Kirchner deberá replantear su política económica, si así se puede denominar a la sucesión de decisiones desarticuladas entre sí, cuya única obsesión es privilegiar la caja como factor de poder político. Los interrogantes son cómo, cuándo, con quiénes y bajo qué diagnóstico interno y externo. Demasiadas respuestas pendientes para el virtual superministro y ahora candidato a diputado, que difícilmente tenga previsto delegar el monocomando de las decisiones económicas cualquiera sea el resultado de las elecciones.

Néstor Kirchner maneja la economía como la campaña electoral. Con sorpresas, golpes de efecto, medidas arbitrarias y argumentos en los que los resultados inmediatos cuentan más que el futuro. Por diferentes vías, el Indec y la Anses pasaron a ser sus principales ejes. Uno, que falsifica estadísticas que distorsionan la realidad socioeconómica; otro, como caja extra de uso discrecional. Así, la política económica es más "testimonial" que real: lo que se dice no es lo que se ve, y lo que se promete no necesariamente va a ocurrir.

De aquí hasta las elecciones, la economía ya está jugada. La única novedad será el aporte de 1000 millones de pesos de la Anses al Banco Hipotecario, como depósitos renovables o mediante la suscripción de obligaciones negociables al 10% anual para que la entidad mixta anuncie líneas de créditos hipotecarios a 20 años, con una tasa fija en torno al 15% anual. Como los préstamos tendrán un tope de 300.000 pesos (unos 81.000 dólares), aquellos recursos permitirían concretar algo más de 30.000 operaciones. Para seguir de cerca su destino, el titular de la Anses, Amado Boudou, ya ocupa una silla en el directorio del BH. La expectativa oficial es que esos recursos de los jubilados tengan un mayor efecto reactivador que los destinados a los múltiples planes anunciados desde la residencia de Olivos para estimular el consumo de bienes durables y que ya huelen a fracaso. De los 13.200 millones de pesos prometidos, sólo 1900 millones fueron colocados en el sistema financiero y, en su gran mayoría, entre bancos públicos. El resto sigue constituido en depósitos a plazo fijo que la Anses renueva con cada banco, no sin algunos tironeos a la hora de negociar tasas y conflictos cuando amenaza con retirarlos para presionar a algunas entidades privadas.

Bajo órdenes directas de Kirchner, la Anses se convirtió en un organismo multifunción. Los fondos que administraban las AFJP sirven para atenuar el deterioro de los ingresos fiscales y sostener el gasto electoral para cancelar o refinanciar obligaciones del Tesoro, o para evitar despidos masivos en grandes empresas mediante subsidios. O para rescatar otras, como la papelera Massuh, mediante el pago de un canon estatal. Las acciones que heredó de las AFJP se utilizan para imponer directores en compañías privadas, a la vez que suscribe ON en otras, sin más reglas que alguna recomendación "desde arriba". Pocos recuerdan que su función primordial es manejar los recursos de los actuales jubilados y ahorros de los futuros con transparencia.

El escenario menos pensado

Para después de las elecciones, abundan las conjeturas y escasean las precisiones. En algunos despachos oficiales, se considera más que probable que Carlos Fernández deje de ser el ministro formal de Economía, aunque no quedaría fuera del Gobierno en reconocimiento por su disciplina K. Su obstinado mutismo y su ausencia de protagonismo terminaron por jugarle en contra: debe de ser uno de los pocos ministros del área en el mundo que no ha abierto la boca en medio de la peor crisis internacional. Como candidatos a reemplazarlo se perfilan el propio Boudou y el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, otro incondicional funcionario K todo terreno. En cambio, hay quienes suponen que la nueva función de Guillermo Moreno como industrial papelero estatal apuntaría a restarle protagonismo en la futura etapa, algo que no ha ocurrido hasta ahora.

Sin embargo, más allá de los nombres y del agregado de algún vocero económico más político que técnico, lo que difícilmente cambie es el proceso de toma de decisiones, centralizado en el propio Kirchner. Que se sepa, no hay en el Ejecutivo técnicos trabajando en probables escenarios para lo que resta de 2009 y el próximo año. Todo depende del ex presidente, concentrado por ahora en recolectar votos, mientras que algunos organismos (como la CNV, el BCRA y la AFIP) buscan cerrar grifos para dificultar la fenomenal fuga de capitales debida a la desconfianza en el futuro económico.

Aun así, el kirchnerismo enfrenta un dilema que la política económica testimonial no resuelve y que afecta las expectativas, independientemente del resultado electoral. Según el economista Orlando Ferreres, la política fiscal es incompatible con la política cambiaria, y viceversa. En otras palabras, o se modera la expansión del gasto público (que crece al doble del alicaído aumento de los ingresos fiscales), o se acentúa la suba del tipo de cambio nominal para licuarlo en dólares.

Este dilema alimenta desde hace meses el debate sobre el nivel del tipo de cambio real entre el Banco Central y economistas de corrientes de pensamiento opuestas, que toman diferentes parámetros y períodos para calcularlo. Algunos, como Miguel Angel Broda, sostienen que un dólar más alto -alrededor de $ 4,40 a fin de año- induciría una menor salida de capitales; otros, como Eduardo Curia, que estimularía la competitividad de las exportaciones y la recaudación por retenciones. En el BCRA, rebaten estos argumentos: señalan que el tipo de cambio multilateral estaría un 14% por encima de su nivel de equilibrio; que un dólar más alto no contribuiría a generar más divisas de exportación con el actual derrumbe del comercio internacional; ni tampoco a regenerar confianza si se lo percibe como un cambio aislado del resto de la política económica.

Un enfoque adicional indica que en la Argentina el problema no está tanto en el tipo de cambio, sino en la total ausencia de financiamiento voluntario para el sector público, que lo obliga a autofinanciarse. En 2010, los vencimientos de deuda son tan altos como los de este año, pero ya no se podrá echar mano al stock de las AFJP. Quizás antes de finalizar 2009 la alternativa de recurrir al FMI se plantee en términos más prácticos que ideológicos para evitar males mayores. Aunque ello obligue al kirchnerismo a pensar en medidas hasta ahora resistidas (normalización del Indec, reglas fiscales, canje para holdouts, recompra de bonos) y que nunca figurarán en los voluntaristas discursos de campaña.

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