POLÍTICA | DUDAS SOBRE LO QUE VIENE Un silencio incómodo

Tanto el kirchnerismo local como la oposición esperan que el nuevo intendente, Martín Insaurralde, anuncie cuál será el rumbo que tomará la nueva gestión.
Convencidos de que necesitará aliados para gobernar, desde el Frente para la Victoria reclaman que el jefe comunal -que ayer fue recibido por Daniel Scioli- los convoque para darle sustentabilidad a la gestión. Por su parte, el peronismo disidente controlará el Concejo y además tiene a uno de sus hombres primero en la línea de sucesión.

Martín Insaurralde, el nuevo intendente de Lomas de Zamora, habló con algunos medios al día siguiente de su sorpresiva asunción y desde entonces se encerró en un mutismo –parcialmente roto ayer con su visita al gobernador Daniel Scioli- que sorprende a sus adversarios, pero sobre todo incomoda a sus aliados, intrigados por el rumbo que finalmente tomará la nueva administración.

No sólo dejó de atender al periodismo, que sería razonable en un momento de análisis e introspección como este, sino que cortó la comunicación con el resto de la dirigencia política, incluso aquella que está ejercida por los más amigos.

Apenas alcanzó a avisar que los cambios de gabinete deberán esperar hasta diciembre -tal vez con la intención morigerar la presión que comenzó a padecer-, y se llamó a silencio.

A la oposición le sorprende la falta de señales sobre cómo querrá Insaurralde abordar la etapa que se iniciará en el Concejo con el recambio de la mitad de sus miembros en diciembre. Por lo pronto, sólo se sabe que, más allá de las formales declaraciones de apoyo del Intendente a Santiago Carasatorre, ni él mismo confía en su retorno. Prueba de ello es el recorte de dos millones de pesos en el presupuesto del Deliberante para 2010 que dispuso el actual titular del cuerpo pocas horas antes de partir al exterior junto a Jorge Rossi.

Pero los más intrigados ante el silencio son los propios kirchneristas, alarmados por algunas especulaciones que lo ubican a Insaurralde acercándose al duhaldismo, algo que tal vez intentó desactivar el jefe comunal con su encuentro de ayer con el gobernador Scioli. Ocurre que, ya sea por vocación o por necesidad política, un movimiento del nuevo jefe comunal en esa dirección dispararía una segura represalia del kirchnerismo, que no permanecerá impávido ante un brusco cambio de signo político de la estratégica municipalidad de Lomas de Zamora.

En cualquier caso, lo que no van a permitir los principales dirigentes kirchneristas del distrito es que el eventual salto de Insaurralde ocurra paulatina y solapadamente. "Si se va, que lo diga ahora, clara y públicamente. Ya veremos cómo se las arregla", parecen querer decir a través de sus actos.

Pablo Paladino, funcionario nacional y ex concejal, salió claramente a plantear que "el gobierno de Insaurralde nació débil" y que por lo tanto debe convocar rápidamente al resto del kirchnerismo para fortalecer la gestión y otorgarle gobernabilidad.

Lo que encierra ese discurso es la presunción de que Insaurralde no podrá gobernar solo el distrito. Con apenas seis concejales sobre 24, sin aliados y sin la personalidad y la historia de Jorge Rossi, consideran que necesitará establecer acuerdos de gobernabilidad.

Ante eso, el nuevo Intendente tiene dos opciones de hierro, excluyentes e irreductibles: acercarse al peronismo disidente, que probablemente manejará el Concejo Deliberante y donde reviste quien lo sucedería en caso de una salida anticipada –Jorge Ferreyra-, o abrir su administración a los sectores del kirchnerismo que quedaron afuera de la gestión: el que encabeza el propio Paladino, el del titular del Comfer y concejal electo, Gabriel Mariotto y el del diputado provincial Fernando Chino Navarro, para seguir gozando del apoyo del Gobierno nacional.

Cualquier elección, está claro, implicará una pérdida, cuyas consecuencias probablemente se estén evaluando en medio de tanto silencio.

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