La política domina, aunque la economía ya pide pista

Por: Alcadio Oña

Así no sea pareja en todos los sectores, la caída de la actividad económica luce evidente, y también que se entró en zona de recesión. Algunos analistas proyectan un segundo trimestre más complicado que el primero, pero todos coinciden casi en una obviedad: hay un parate completo en las decisiones empresariales, salvo las defensivas, y las inversiones están frenadas desde bastante antes.

Para muchos, la economía evoluciona según una dinámica propia, sin que la haya sacudido demasiado la última instalación electoral de Néstor Kirchner: no mejoró lo que ya andaba mal, ni empeoró nada. En cambio, metió más ruido sobre la fortaleza real del kirchnerismo y agregó disturbio a un horizonte complejo por donde se lo mire.

Acosado por el temor a la derrota, el poder central subió la apuesta al grado de todo o nada e involucró en la partida a leales y no tan leales, en muchos casos sin siquiera consultarlos previamente. Y eso que huele a debilidad de las fuerzas propias, fogonea un interrogante recurrente en el mundo empresarial y financiero, dramatizado por la movida misma y el discurso oficial que la acompaña: "¿Que pasará si les va mal o si el triunfo es confuso?".

Buena parte de las expectativas de los agentes económicos están depositadas menos en el ahora y más en el después del 28 de junio, aunque también cuente que todavía faltan dos meses y medio para esa fecha. Mucho tiempo expuesto a los zarandeos de la política.

Aun así, hasta economistas cercanos al Gobierno y del propio Gobierno consideran imprescindible un programa con metas básicas y acciones rápidas, apenas concluya el comicio y cualquiera sea el resultado. Hay dudas fundadas en la experiencia y en el modo de gestión K, de que esto vaya a suceder. Pero salta a la vista la cuenta de problemas sin resolver, postergados, más otros que pueden sobrevenir.

Bajo la forma que sea, suenan a ineludibles algunos pasos costosos. Lo cual no equivale a decir que se acierte con las decisiones. Ni que se admita cambiar un sistema de módulos desconectados, con ministros y funcionarios que a menudo ni comunicación tienen entre si y reportan siempre al mismo vértice.

Rascando de la gran caja de la ANSeS, del Banco Central, del Nación, de donde sea, el Gobierno maniobra para cubrir obligaciones y obras del tiempo electoral. Pero, a la vez, semejante despliegue deja al descubierto la flaqueza del Tesoro Nacional y conduce a un ajuste fiscal. Mayor si la economía no pega algún rebote, aunque sea leve, que mejore la recaudación impositiva.

Peor andan las provincias, que también rascan el fondo de ollas más vacías y ensayan todas las bicicletas posibles para diferir pagos que no pueden afrontar con sus actuales ingresos. Tirando hasta el 28 de junio, a la espera de oxígeno del Gobierno nacional, con una enorme vela puesta en un repunte económico que refuerce sus recursos tributarios: "Si nada de esto pasa, estaremos en crisis expuesta", dicen algunos gobernadores. "O irán en malón a golpear las puertas de Olivos", agregan consultores que los asesoran.

Es parte de este mismo escenario el equilibrio inestable del mercado financiero, la necesidad de contener presiones sobre el dólar y pérdidas de depósitos.

Los US$ 2.500 millones del Fondo Monetario ayudarán a fortalecer la posición de reservas y el poder de fuego del Banco Central. Pero así vengan sin condicionalidad alguna, no estarán disponibles de inmediato. Las potencias aprobaron el aumento del capital del FMI que dará lugar a este desembolso, pero la plata recién estaría a mano cuando los parlamentos revaliden la decisión general.

Con el argumento de que el país no podrá vivir mucho más tiempo sin financiamiento externo, cada vez más economistas ven inevitable la vuelta a un acuerdo con el Fondo. Y hasta creen que sería bajo condiciones mucho menos duras que en el pasado.

Otros piensan parecido en un punto y diferente en el otro. Dicen que la nueva guardia del organismo no es tan nueva en los métodos, que habrá requisitos fuertes sobre la autonomía del Central, las tasas de interés y los números del INDEC, sobre la situación fiscal de las provincias, el arreglo de las deudas pendientes y el desempeño de ciertos funcionarios del riñón K.

Contenida a duras penas, también entra en la cuenta la situación laboral, o sea, el empleo y la puja salarial. Si la desocupación no crece más entrado el segundo semestre, para empezar ya hay una notable la caída de los avisos de empresas que ofrecen trabajo. Y la mayoría de los acuerdos salariales son, hoy, transitorios.

Poco se puede esperar del resto del mundo, aun si la crisis financiera internacional tendiese a encarrilarse. Lo que valdrá por encima de todo es que aquí se acierte con las decisiones, las que sean. La política siempre gobierna sobre la economía, pero no siempre es lo único que cuenta.

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