La política deberá reconstruirse ahora sin grandes liderazgos

Por Manuel Mora y Araujo,

Director de Ipsos -Mora y Araujo

Hablaron las urnas y se dio vuelta una página de la política argentina. La atención se centra ahora en el futuro, el cercano -hasta la asunción del Congreso ayer electo- y el menos cercano -después del 10 de diciembre-.

Entre tanto, en estos días, los dirigentes emitirán sus mensajes con su interpretación de lo sucedido y los medios de prensa hablarán mucho de eso. En los locales de las campañas, el domingo, hubo ruidos diversos: algarabías en algunos, tal vez más triunfalismo del que se justifica, caras largas en otros. Todo comprensible y no demasiado relevante.

Lo que viene no estará dicho ni hoy ni mañana. El Gobierno quedó debilitado; ese es el dato más contundente. La derrota en Buenos Aires, sumada a la más inesperada aun en algunos otros distritos, lo deja en el Congreso un poco peor de lo imaginado antes. Su poder efectivo para gobernar a voluntad férrea es muy reducido; si intentase hacerlo las consecuencias previsibles serían mayores sobresaltos en un país que reclama ante todo previsibilidad y tranquilidad. Es un gobierno que queda demasiado dependiente de los gobernadores y algunos intendentes que sumaron a su caudal electoral nacional y contribuyeron a atenuar la derrota. La lógica dice que tiene más sentido para el gobierno nacional ir a una negociación dentro del espacio peronista que enfrentar a los disidentes y a los renuentes contando tan sólo con el vacilante apoyo de quienes lo acompañaron hasta ayer, y sabiendo que tiene además a casi un setenta por ciento de la sociedad y a casi todos los factores de poder en la vereda de enfrente.

En el campo opositor nadie predomina. Aun los que emergen ganadores aquí o allá, en el conjunto del país tienen poco y parte de sus triunfos deberían ser medidos con instrumentos de precisión. El Unión-PRO por un lado, Reutemann por otro lado, pueden darse por satisfechos pero está claro que ganaron en final reñido y que en las mismas urnas que los ungieron ganadores hay muchos mensajes que deberían ser leídos con atención. La Coalición Cívica-UCR-socialismo pueden sentirse satisfechos, con razón, por ser la segunda minoría en el Congreso; pero si no revisan profundamente su desempeño en Buenos Aires y la Capital Federal arriesgan la oportunidad que se les presenta con su sólido bloque legislativo.

Pueden transformar sus votos y sus bancas en una oportunidad cierta como opción de gobierno; pero para ello deberán admitir que su pluralidad y heterogeneidad requieren reglas más claras y estructuras más organizadas donde la ciudadanía puede hacerse oír en esos espacios todos los días de la vida en los que no se vota.

El peronismo, la UCR y sus respectivos aliados están ante una oportunidad histórica que les brinda la sociedad argentina (cabría agregar: sin que ellos hayan hecho demasiado para merecerla). Lo más interesante del cuadro de situación que emerge de la jornada electoral es que nadie tiene mayoría casi en ninguna parte y que ninguna persona de carne y hueso puede sentirse un líder ungido por una parte significativa de la sociedad. Hay varios candidatos a líderes y hay numerosos fragmentos políticos que esperan un armado.

Esa es la gran oportunidad para la Argentina y para su dirigencia política: construir sin liderazgos dominantes. Los liderazgos personalistas, tendencialmente, van en desmedro de las instituciones; cuando las instituciones son débiles y los liderazgos también, las sociedades entran en zona de riesgo. Este es un buen momento para que una dirigencia política que ha sufrido duros golpes en la última década acepte el desafío de construir consensos y reglas en la diversidad, sin que nadie pueda aspirar a dominar la escena.

Tanto el peronismo como el radicalismo han pasado ya por experiencias históricas en las que tuvieron que generar respuestas sin liderazgos dominantes. Por lo general, lo hicieron bien. Sus dirigentes saben de eso; saben un poco menos acerca de cómo balancear a líderes muy gravitantes, pero esta es la oportunidad precisamente porque no los tienen.

El 28 de junio, una vez más, la sociedad marcó la cancha, jugó algunas piezas hacia adelante y algunas hacia atrás, se expresó y ahora aguarda expectante las consecuencias. Es un momento apropiado para ser definido como ‘una nueva oportunidad’

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