En política, cuando más se aclara, más oscurece

No debe esperarse un rápido esclarecimiento del episodio Escobar-Comisaría I. Pero este jueves, la retórica política tuvo picos altos, y contribuyó un poco más a la confusión general. Las aguas del río político neuquino se dividen con mayor fuerza. Se plantea que el Estado no debe tener límites, y esto es peligroso.
La Justicia difícilmente aclare rápido lo que la política enreda cada vez más rápidamente. La situación originada en un episodio confuso pero ciertamente lamentable en la Comisaría I de Neuquén, con el protagonismo del secretario de Derechos Humanos del Municipio capitalino, Jesús Escobar, ya divide claramente las aguas del río político provincial, y se entremezcla en la polémica más general sobre la "mano dura" versus la "mano blanda", una singular visión recurrente de cómo deben interpretarse las leyes en la Argentina.

Jesús Escobar volvió este jueves a reforzar la posición política que critica duramente al MPN y a todos los que lo respalden en la defensa irrestricta del accionar policial en este tema. Para Escobar la policía es "sobischista-sapagista". Y utiliza estos conceptos como sinónimos de "maldita policía", al estilo del sello descalificatorio que supo ganarse la bonaerense.

En esta posición, este jueves fue explícitamente respaldado por Mariano Mansilla, el principal referente hoy por hoy de UNE, una fuerza que se había distanciado de Libres del Sur. Estuvo sentado a la mesa de la conferencia de prensa también el abogado Ricardo Mendaña, casi un ícono de las referencias "anti-sobischistas" en la política local. Estuvo Marcelo Otharán, un abogado de larga trayectoria que fue presidente del Tribunal Superior de Justicia y que representó también a estos sectores del "progresismo" neuquino durante la Convención que reformó la Constitución neuquina. Y estuvo Martín Sabbatella, una visita bien "progre", referente nacional, diputado electo, intendente de Morón.

No estuvo el radicalismo, y la conferencia de prensa no se hizo como se había anunciado al principio, en la misma Municipalidad. Es una señal sutil: la UCR busca diferenciarse en este momento, porque la cuerda se tensa demasiado y no quiere quedar pegada con posiciones extremas, que terminen eventualmente socavando algunos cimientos institucionales que comparte.

Cuando todo esto ocurría, ya se había desarrollado la curiosa conferencia de prensa a cargo del abogado (patrocinante del Jefe de la Policía de Neuquén) Gustavo Lucero.

Este hombre enfrentó a los periodistas y movileros con una sugestiva determinación (ver nota aparte). Y deslizó sobre el final un enfoque político, que en el contexto "policial" en el que se desarrolló la exposición, llamó la atención poderosamente. Dijo en concreto que lo de Escobar formaba parte de una actitud de "sectores" de la política local que persiguen el presunto propósito de "ponerle límites al Estado".

En este punto es que las cosas se enredan y confunden. Lucero se mostró enojado (mostró en todo caso el enojo de sus patrocinados) porque desde el sector político alineado con la defensa de Escobar se pide la expulsión de policías sin un juicio previo. "Se podría pedir del mismo modo la expulsión o cesantía de Escobar como funcionario", dijo el abogado.

En política, la presunción de inocencia no existe: por el contrario, todos son culpables hasta que se demuestre lo contrario. No debería sorprender, por tanto, a nadie, que se pidan renuncias o despidos. De la misma manera, cuando se difundieron las cámaras ocultas que intentaron condenar (sin juicio previo) a Jorge Sobisch, los mismos sectores que hoy reclaman la expulsión del gobierno de Guillermo Pellini como responsable de Seguridad, pidieron la renuncia inmediata del mismísimo gobernador de entonces, como si una confusa cámara tambaleante bastara para producir un cambio institucional que sólo los procesos contemplados en la Constitución pueden garantizar.

Ahora, Lucero razona (o razonan así quienes son por él representados) que estos sectores pretenden "ponerle límites al Estado".

Es un concepto desafortunado, porque el Estado sí debe tener límites: los límites que le marca la Ley, como a cualquier ciudadano. El Estado no está por encima de las leyes, sino que está doblemente obligado: a cumplirlas, y a exigir y vigilar su cumplimiento. Y tiene límites: no puede hacer lo que la ley no permite.

En medio de todo el desbarajuste, de la retórica que se excede en su propio uso, reina la política por sobre la pretensión de verdad que se busca a través de los procesos judiciales.

Así, por ahora ganará la política su presencia estelar en la escena. La Justicia, si es sabia, aprovechará para hacer su trabajo en silencio, siguiendo el camino de los hechos, las pruebas, lo que realmente se puede confirmar.

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