Política de concentración es tema De preocupación para la provincia .

El horizonte económico permite ver a lo lejos signos de reanimación, pero la situación no está ni estará para tirar manteca al techo.
Los indicadores revelan que los sectores económicos experimentarán una mejoría, lo que a su vez impactará positivamente en la marcha de las finanzas públicas en el orden nacional. Sin embargo, la incertidumbre sigue invadiendo las administraciones provinciales, puesto que ninguna de ellas puede estar plenamente segura de que el gobierno nacional les permitirá beber las mieles que se espera produzca el 2010.

La desconfianza es lógica, sobran las razones para priorizar una actitud cautelosa y dejar a un lado las expectativas desmedidas. Se sabe perfectamente de la vocación concentradora de riquezas que caracteriza al modelo kirchnerista, hasta el punto de no diferenciar entre leales y opositores.

Sin ir más lejos, en los últimos meses la administración de Cristina Fernández avanzó sin piedad sobre los recursos de coparticipación que pertenecen a las provincias. Al cierre de 2010 se hizo (podría decirse a titulo gratuito) de $ 2 mil millones de los fondos de Aportes del Tesoro Nacional. Cabe recordar, que ya lo había hecho anteriormente con $ 7 mil millones provenientes del 1% del total recaudado que por ley constituyen los ATN.

Como se verá, sobran muestras de la avidez de concentración de riquezas, una actitud que impacta en las provincias que, a su vez, tendrán que afrontar sus déficit operativos abriendo sin remedio alguno un nuevo capítulo de endeudamiento.

Fondos fiduciarios, créditos bancarios y fideicomisos, son las alternativas contempladas por no pocos gobernadores para hacer frente al impacto del centralismo, dispuestos a asumir un alto costo.

Si los gobernantes están preocupados por el destino de las finanzas provinciales, cada vez más dependientes de los pocos billetes que la Nación está dispuesta a entregarles, ni hablar de los actores del sector privado o del contribuyente común que, sin tener línea directa con el ‘teléfono rojo’, deben soportar una fuerte carga impositiva, producto de la necesidad de recaudar a como de lugar.

La drástica política de recaudación nacional poco margen deja a los reiterados planteos de modificación de la carga tributaria. De hecho, relevamientos privados muestran que nunca antes los argentinos pagaron tanto en concepto de impuestos.

La presión impositiva en nuestro país guarda similitudes con la implementada en los desarrollados. Cargas distorsivas y regresivas, dominan el esquema de recaudación y, lo que es más preocupante aún, evidencian una clara tendencia a profundizarse. Está claro que atentan contra el sistema de producción, la redistribución del ingreso y la creación y mantenimiento de empleo registrado.

Ni hablar del destino de lo recaudado. Otro sería el cantar si los recursos fueran volcados a un funcionamiento eficiente del Estado, pero la realidad golpea sin contemplación alguna: El gasto público es cada vez mayor y lejos está de constituirse en las erogaciones del Estado para la compra de bienes y servicios y, de esta manera, atender las necesidades públicas, llámense seguridad, salud, educación o desarrollo.

La mayor porción de la torta que se cocina en el horno recaudador, es producto de impuestos no contemplados en países desarrollados. En consecuencia, es cada vez mayor el ahogo a la masa contribuyente. A todas luces, un tema que necesariamente debe ser sometido a, por lo menos, una revisión.

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