Una vez más, la política bizarra

La imagen que viene a mi mente es la de moscas posándose donde la mancha de miel es más prometedora. En cuanto advierten poca sustancia, elevan el vuelo y van en busca de otra viscosidad.
No parece ser la conducta de quienes persiguen objetivos claros y nobles ideales, sino la de quien aspira, solamente, a ver cómo se "ganará" la vida en los próximos cuatro años.

Es más, pareciera que todas las ideologías, las metas y hasta los valores morales se postran ante el ofrecimiento de un cargo mejor que se ofrezca.

Así, la política adopta ribetes de una bizarría tal que el electorado se espanta. ¿Cómo confiar los asuntos públicos en quien solamente busca réditos privados?

La consecuencia más nefasta de esta situación es que, al desentenderse el ciudadano, la política efectivamente pasa a una faz de privatización, donde el poder pasa a manos de minorías que se atreven a todos con tal de obtenerlo y la gente se conforma con blasfemar contra el sistema e igualar a todos. Pero para abajo. "Son todos la misma...".

Este temporal de mediocridad en busca de conchabos no parece que vaya a capear. Es como el preanuncio de un diluvio que nos costará a todos más de lo que creemos. Sin política, la organización social tambalea. Y ello incluye las normas de convivencia, es decir que de ahí a la anarquía hay un paso.

No es menos cierto que algo de razón hay. El sistema suele ser perverso y al parecer invencible. Su correntada pretende arrasar con todo. Pero cuidado, porque sólo los peces -en este caso los pueblos- muertos nadan con la corriente.

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