La política que es apenas un botín de guerra

Por Fernando Gonzalez

La cosa es más o menos así. Hace ocho días, cuando Boca acababa de ganarle a Vélez un partido emocionante y Canal 7 medía 20 puntos de rating en esa noche de domingo (record para la señal oficial), Cristina y Néstor Kirchner coordinaron su entrada al velorio de Mercedes Sosa en el Congreso para aprovechar la máxima audiencia. No es la primera ni la última vez que un dirigente político vaya a utilizar el sentido de la oportunidad de ese modo, pero da una idea clara de cómo los Kirchner (y no son los únicos) conciben a los medios de comunicación. Como una herramienta para sus propios fines.

La ley de medios audiovisuales aprobada el sábado mientras la mayoría de los argentinos dormían, tiene avances indudables y errores groseros pero adolece de una cualidad básica que deben tener las grandes leyes de los países: no es fruto del mínimo consenso y por lo tanto deja abierta una discusión que seguirá en los tribunales para restarle legitimidad. El futuro dirá quienes son los ganadores de ese debate.

El problema de la Argentina, tal vez el más profundo que viene desde el fondo de su historia, es que cuando sus desafíos se plantean entre ganadores y perdedores las políticas se transforman en botines de guerra y jamás llegan a convertirse en políticas de Estado.

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