La política, ante un año que se las trae

Por Carlos Pagni

Cuando habla de las transiciones, del concepto de transición, Julio María Sanguinetti suele citar a un antiguo líder del Partido Colorado del Uruguay, César Batlle Pacheco: "En ellas conviven procesos inciertos que, como el amanecer o el crepúsculo, tienen tonalidades parecidas. Pero no hay que confundirlos. Uno va hacia la luz y el otro va hacia la sombra".

Parece imposible encontrar una imagen más adecuada de lo que significará 2010 para la política argentina. Durante el año próximo seguirá habiendo dificultades para evaluar con exactitud el monto de poder de la oposición y el oficialismo. Quienes pretenden reemplazar al Gobierno están fragmentados en infinidad de proyectos presidenciales. Quienes pretenden retener el gobierno están corroídos por una impopularidad que parece incorregible. Aun en ese claroscuro, se pueden distinguir algunas formas nítidas de lo que está por venir.

El rasgo sobresaliente del nuevo año es que ya no habrá una mayoría capaz de ordenar la política. Los Kirchner y sus rivales intentarán abrir debates que construyan esa mayoría en su favor. El oficialismo seleccionará temas susceptibles de alimentar su tesis principal: en el país se libra un conflicto entre un gobierno popular, distribucionista, y una derecha reaccionaria.

Para la oposición, el eje es otro: lo que se discute es la recreación de una república democrática contra la consolidación de un orden populista-autoritario. El campo

principal de este duelo será el Congreso. La discusión se iniciará en febrero. Cada bando prepara desde ahora su mejor bandera. La oposición levantará la de la remodelación del Consejo de la Magistratura; y el kirchnerismo pondrá en la picota a los bancos, con una reforma del sistema financiero.

En la Cámara de Diputados, la UCR de Oscar Aguad; el PJ disidente de Felipe Solá y Graciela Camaño; la Coalición Cívica de Elisa Carrió; Pro de Federico Pinedo, y Proyecto Sur de Pino Solanas y Claudio Lozano, han avanzado más de lo que se divulgó en un proyecto para diluir la gravitación del Gobierno en el organismo que selecciona y evalúa a los jueces. El objetivo es volver atrás con la reforma que impulsó el Gobierno en 2006. Uno de los diseñadores de la jugada explica: "Tenemos que fijarnos una meta mínima, que es reponer la composición anterior, de 20 miembros. Con la actual, de 13, el kirchnerismo bloquea cualquier decisión. Es la reforma posible. Para la deseable, tal vez, no sumaríamos los votos suficientes". La oposición aspira a presentar, en febrero, un dictamen común en la comisión de Asuntos Constitucionales, presidida por Camaño, y en la de Justicia, que conduce el radical Ricardo Gil Lavedra.

La modificación del Consejo de la Magistratura condensa los rasgos sobresalientes del discurso opositor: denuncia el autoritarismo del Poder Ejecutivo, proclama la necesidad de "liberar a los jueces" -convendría consultarlos antes, no vaya a ser que alguno prefiera seguir con la atadura- y previene sobre la intención del Gobierno de blindarse bajo una capa de impunidad. Los opositores creen contar con un grupo de 140 diputados, similar al que formó el quórum en la sesión preparatoria de comienzos de mes. En el Senado cantan una victoria más ajustada, de apenas dos votos. Descuentan, además, que pondrán en un brete a los aliados de centroizquierda del oficialismo, liderados por Martín Sabbatella, Vilma Ibarra y Carlos Heller. Pero la incógnita más importante es la conducta de Cristina Kirchner: ¿se resignará a que se derogue una ley que ella impulsó cuando presidía la comisión de Asuntos Constitucionales del Senado? (en Diputados el responsable fue el postkirchnerista Juan Manuel Urtubey). ¿O pagará el costo de mantener el actual cesarismo con un veto? Acertijos para cuando termine el verano.

Entidades financieras

Durante las dos últimas semanas, Kirchner adelantó a varios de sus seguidores que pasará a la ofensiva con una ley de entidades financieras para orientar el crédito y regular las tasas. Es el mejor producto que puede ofrecer hoy su fábrica. Mercedes Marcó del Pont (Banco Nación) y el diputado Heller (Credicoop) apadrinan la criatura. Para la simbólica del Gobierno es casi la piedra filosofal: permite interpretar el rap del modelo productivo y la redistribución del ingreso; pone en la mira a los bancos comerciales, por financiar sólo el consumo superfluo, y deroga una ley de José Alfredo Martínez de Hoz -que fue modificada, eso sí, 150 veces-. Lástima que se fue Albistur. Podría haber empapelado Buenos Aires con el afiche: "Los Kirchner. En concierto". Aunque todo tiene un límite: el santacruceño teme que, cebándose contra los bancos, se desate una corrida como la que acaba de enfrentar Hugo Chávez en Venezuela.

Igual que la oposición con el Consejo de la Magistratura, el oficialismo pretende, con la reforma financiera, llevar confusión a las filas enemigas. Es difícil que Solanas, Lozano, Carrió o los mismos radicales salgan en defensa de los bancos. Y Kirchner lo sabe. Pero igual no podrá fijar el ritmo del debate. La comisión de Finanzas de Diputados está en manos de la oposición. Su presidente es Alfonso Prat-Gay. No es una buena noticia para los banqueros, que tuvieron con él una relación poco amigable cuando presidía el Banco Central. Aun así, Prat-Gay está más ansioso por abrir otros debates. Junto con Pinedo, de Pro, en las próximas horas, presentará ante la Justicia un recurso de amparo para impedir que el Gobierno salde deudas corrientes con reservas monetarias, que es el propósito del Fondo del Bicentenario de US$ 6500 millones anunciado por la Presidenta. El economista de la Coalición Cívica pretende que Martín Redrado, su sucesor en el Central, concurra a la comisión para examinar, a propósito de ese fondo, todo el balance del banco. De paso, Prat-Gay y Pinedo se proponen subrayar la incoherencia oficialista: la utilización de reservas para tranquilizar a los acreedores no hace juego con la retórica antibancaria.

El Consejo de la Magistratura y la reforma financiera abrirán una serie más larga de contradicciones. La distribución de fondos entre la Nación y las provincias es, acaso, la batalla más compleja. "También tenemos que liberar a los gobernadores -explica una diputada de la Coalición Cívica-. Pero ese objetivo sólo se puede lograr con un operativo comando, de la mañana a la noche, y con la colaboración de algunos oficialistas." Es una discusión crucial, ya que compromete el poder de Kirchner sobre la corporación peronista.

El Gobierno, como se ve, estará en 2010 a la defensiva. Su límite principal seguirá siendo el desprestigio de Cristina y Néstor Kirchner. La estrategia para revertirlo está a la vista: abrazarse a los temas de alto rating -fútbol gratis, jubilación estatal-; apaciguar la relación con sectores hostigados -empezaron por la Iglesia y siguieron con el empresariado-, y denunciar que la caída en las encuestas se debe a patrañas de la prensa. "Ahora pusimos el foco en el examen de ADN de los hijos de Ernestina de Noble, la dueña de Clarín ", confiesa, descarnado, un dirigente bonaerense de trato cotidiano con Kirchner.

La oposición deberá también superar un gran obstáculo: la proliferación de candidatos presidenciales. La semana pasada, alentados por la impopularidad de Kirchner y el eclipse de Mauricio Macri, terminaron de lanzarse Eduardo Duhalde y Francisco De Narváez. Las ensoñaciones personales son capaces de desbaratar cualquier acuerdo parlamentario. A eso apuestan los Kirchner. Igual, no deberían confiarse. Ya lo dijo Sanguinetti: aunque se parezcan, el amanecer y el crepúsculo no son iguales. Uno va hacia la luz y el otro va hacia la sombra.

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