Un polémico negocio: venderle al mundo el agua del Río de la Plata

Una empresa hace esta insólita oferta desde Buenos Aires. Hay un vacío legal.
Vienen por el agua? En un país expoliado tantas veces, no es extraño que el fantasma cobre dimensiones verosímiles. Sobre todo, desde que se sabe que el agua dulce apta para el consumo humano comienza a escasear y la Argentina comparte con los países del Mercosur la suerte de estar ubicada encima de uno de los tres mayores reservorios subterráneos del planeta: el acuífero guaraní.

Sobre este dato real, desde hace un tiempo se acumulan historias sobre extranjeros que estarían haciendo punta en la carrera por apropiarse del nuevo tesoro. En Corrientes, temen por los movimientos del excéntrico Douglas Tompkins. En Córdoba, se habla de miles de hectáreas que habría comprado la familia Bush para comenzar a perforar las napas. En medio de los rumores, apareció el primero dato concreto. Una empresa ofrece abiertamente agua argentina al mundo. Aunque esta vez se trata de agua superficial. La que fluye libremente por los ríos.

La noticia creció en Santa Fe, donde muchos aseguran haber visto a los buques tomando agua del Paraná. Bastó que alguien descubriera la página en Internet de la empresa Makhena, que ofrece "agua dulce a granel, cruda, sin tratamiento, de ríos de llanura de Argentina", para que se encendiera la alarma y el senador provincial Ricardo Kaufmann se apurara a pedir una investigación. Enseguida, se hicieron eco en el Congreso nacional (Ver "Preocupación...").

Agobiado por la repercusión repentina de la oferta que está en la web desde hace más de tres años y la catarata de insultos que recibió por mail en los últimos días, el responsable de la oficina de Makhena en Buenos Aires, Alberto Cholewa, habló con Clarín (Ver "No perjudica..."). Reivindicó su oferta comercial, acusó a los políticos de escandalizar a la gente con denuncias falsas y aportó un dato que quizá tranquilice: aún no logró vender una sola gota de agua.

A decir verdad, sí lo hizo, pero en los 80, cuando no existía la conciencia ambiental de hoy. Pero ahora, aunque asegura que tiene interesados de medio mundo, el alto costo del flete todavía le impide concretar las operaciones. De lo que está seguro es de que su negocio es perfectamente legal. "Lo que no está prohibido, está permitido", se ataja. Y, por ahora, tiene razón.

Voceros de la Aduana explicaron que no está tipificada la exportación de agua de río y que nadie ha solicitado hacerlo. Pero en el código aduanero figuran las exportaciones habituales. Y eso no quiere decir que no se pueda solicitar permiso para exportar otro producto y seguir el trámite hasta su autorización.

"Hay un vacío legal", admite la experta en geopolítica y medio ambinete Elsa Bruzzone, autora de los libros Las guerras del agua I y II. Como otros ambientalistas, reclama que "el agua no sea tratada como una mercancía, sino como un derecho humano".

Ante la consulta de Clarín, en la secretaría de Ambiente informaron que el flamante secretario, Homero Bibiloni, acaba de poner a un técnico a investigar este tema.

Mientras tanto, se insiste en que los barcos ya se están llevando el agua, disimulada como el lastre que necesitan los buques para navegar. Y Cholewa se apresta a enviar agua del Río de la Plata al mundo. Sólo aguarda que le cierren los números y que no le cierren el grifo.

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