Polémica Sanitaria Una condena sin sustento

Un informe que aún nadie pudo ver, daba cuenta que un herbicida que, entre otros, fabrica Monsanto podía causar daños a la salud. Sin embargo, la falta de pruebas serias contra el producto que se usa en soja y maíz, hacen creer en una nueva jugada en perjuicio de los productores agropecuarios y en contra del "yuyo mal

El lunes, la ministra de Defensa de la Nación emitió un comunicado anunciando la resolución 367 de su cartera para que se excluya el cultivo de soja transgénica, en inmuebles propios "ubicados en zonas urbanas y suburbanas, así como en adyacencias de barrios e instalaciones residenciales militares".

La instrucción partió debido a un informe elaborado por el ex presidente del Conicet y ahora funcionario de la cartera de Defensa, Andrés Carrasco, referidas al herbicida que se usa en este cultivo y que lo difundió a través de un artículo aparecido en el matutino porteño Página 12.

En su trabajo, Carrasco destaca que "concentraciones ínfimas de glifosato, respecto de las usadas en agricultura, son capaces de producir efectos negativos en la morfología del embrión, sugiriendo la posibilidad de que se estén interfiriendo mecanismos normales del desarrollo embrionario".

El glifosato es el principal herbicida utilizado en el sistema de siembra directa, que permitió a los agricultores argentinos lograr una mayor producción y al mismo tiempo, menguar las características de erosión de los suelos.

Este producto es fabricado también por la firma Monsanto, ubicada en nuestro medio, a través del nombre de Round Up y su última presentación Round Up Ultramax.

Indudablemente la medida tomada por Garré y las aseveraciones de Carrasco, generaron preocupación en diversos sectores comunitarios, principalmente en las áreas rurales donde se utiliza el producto.

EL DEBATE mantuvo una comunicación con Guillermo Cal, dirigente de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE) quien aseguró que "los estudios realizados no sólo en el país, sino en todo el mundo, demuestran la baja toxicidad del glifosato".

El especialista, sin embargo, no se animó a inferir que se trate de una nueva jugada del Gobierno contra los productores agropecua-rios, apuntada una vez más a demonizar a la soja, cultivo que la propia Presidente de la Nación, denominara como "yuyo maldito".

Lo particular del caso es que los organismos de Gobierno son controladores de este tipo de productos, tales los casos del INTA y el Servicio de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA).

Respecto a éste último, EL DEBATE solicitó información respecto de los informes de Carrasco, y explicaron que le fueron solicitados al investigador "aunque todavía no los presentó" y añadieron que "en cuanto conozcamos esa investigación daremos a conocer nuestro parecer".

En verdad nadie ha podido ver este informe que causó tanta preo-cupación y sólo se trataría de una investigación preliminar, con un sinnúmero de puntos aún por aclarar.

Al respecto Cal, explicó que "hoy estamos hablando de fumigación para combatir al mosquito Aedes, para prevenir el Dengue y si bien ese insecticida no causa graves perjuicios a la salud humana, está caratulado como mucho más tóxico que el glifosa-to", puntualizó.

En la actualidad, las formulaciones de glifosato se comerciali-zan en más de 140 países del mundo. Se ha demostrado, por medio de diferentes análisis, que el glifosato no presenta efectos nocivos sobre la fauna (mamíferos, aves), microfauna (artrópodos), ni sobre la salud humana, ni tiene efectos inaceptables para el am-biente, cuando es empleado correctamente para los fines previstos en su etiqueta. Además no existen al momento, en Argentina o en el mundo, estudios científicos serios que cuestionen o invaliden ninguno de los múltiples estudios realizados.

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