Polémica por las imágenes de un suicidio asistido emitidas por televisión e Internet

"Que tengas buen viaje", fue lo último que escuchó el enfermo antes de cerrar los ojos.
Se lo ve recostado, tiene el cuerpo paralizado. En el borde de la cama, su mujer le acaricia con los pulgares los dedos de los pies. Un médico le alcanza un vaso a medio llenar con una dosis letal de barbitúricos. "Esto te va a matar", le avisa. El asiente con los párpados. Su mujer se arrima, lo abraza: "Te quiero tanto, amor mío", le dice él. Está entubado y apenas se le entiende. "Que tengas buen viaje", le desea ella. Luego, él mismo muerde un interruptor que 45 minutos después lo desconectará del respirador artificial. La imagen del video funde a negro. Silencio. "Ya se fue", avisa alguien.

Anoche, el canal digital británico Sky Real Lives puso al aire un documental del ganador del Oscar, John Zaritsky. En el video, Craig Ewert, un estadounidense de 59 años, ex profesor de Informática, se quita la vida por suicidio asistido. Tenía dos hijos y en 2006 le diagnosticaron una enfermedad neurológica degenerativa. Pronosticaron que podría vivir entre dos y cinco años, pero a los pocos meses quedó postrado. Se suicida acompañado de Mary, su mujer desde hace 37 años, y de profesionales de la controversial organización suiza Dignitas, que ya asistió los "suicidios" de más de 100 enfermos británicos terminales, lo que le valió la acusación de promover "el turismo de la muerte".

Sucede que asistir un suicidio es legal en Suiza pero no en Gran Bretaña -Ewert vivía allí-, donde se prevén penas de hasta 14 años de cárcel. Sin embargo, aunque en Gran Bretaña hay un vacío legal sobre qué pasa con los acompañantes cuando vuelven al país, en septiembre la misma clínica asistió el suicidio de Daniel James -un rugbier de 23 años que tenía el cuerpo paralizado desde 2007- y la Justicia británica decidió no levantar cargos contra sus padres.

La emisión, por primera vez en la tevé británica y en Internet de un suicidio asistido, causó revuelo: organizaciones contrarias a la eutanasia hablaron de un "macabro voyeurismo de la muerte". Peter Saunders, director del grupo antieutanasia "Care Not Killing" ("Cuidar, no matar"), dijo que el video "es un intento cínico por aumentar las audiencias televisivas". Phyllis Bowman, de la organización "Derecho a vivir", opinó: "Aquí se hace publicidad del suicidio asistido". Y hasta el primer ministro, Gordon Brown, pidió "evitar el sensacionalismo". Domenica Roberts, de la "Alianza Pro Vida", dijo: "Es peligroso mostrar este tipo de cosas. Se envía el mensaje de que algunas vidas no tienen ningún valor". Pero Mary, su mujer, dijo que su decisión ayudará a la gente a "afrontar sus temores sobre los tabúes de la muerte".

Como tenía los brazos paralizados, Ewert le dictó a una computadora una carta para sus hijos: "Siéntanse libres de hablarme cuando quieran. Probablemente yo no sepa la respuesta, pero seré más un oído que una boca". En "El turista suicida", rebautizado "Derecho a morir", Ewert dice a la cámara: "Si quedara completamente paralizado, sólo sería una tumba viviente que recibiría alimentación por una manguera". "Si no lo ahoga ahora, me decido por sufrir, por reforzar el sufrimiento de mi familia y por morir de una manera más dolorosa". Después le acercan el vaso con la pajita rosada, lo toma y muerde el interruptor. Antes de cerrar los ojos dice "gracias".

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