Polémica entre oficialismo y oposición por la reforma política

El anuncio del Gobierno de que esta semana quiere abrir el debate sobre la reforma política ya tensó la relación entre oficialistas y oposición.
El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, dijo que el proyecto es de una "superlativa importancia", mientras que el titular del radicalismo, Gerardo Morales, lo calificó como una "cortina de humo del Gobierno para no hablar de otros temas como la pobreza".

Como sea, antes de que el proyecto ingrese al recinto ya levantó suspicacias. "Estando en la Argentina, la garantía de que los partidos van a seleccionar a sus precandidatos, el candidato definitivo, y después esos candidatos ya fortalecidos y legitimados por la voluntad popular van a ser los que van a competir y darle definitivamente un rol con absoluta representación no es menor, es de superlativa importancia", dijo Fernández quien luego cuestionó a Morales: "Lo llamaron para hablar del tema electoral y él se desvivía por plantearles el tema de la violencia y de la pobreza, que son los dos temas que han elegido para discutir, y dice que éste no es el tema importante".

El titular de la UCR sostuvo ayer que "el Gobierno quiere poner una cortina de humo para no hablar de la pobreza y del cambio en las políticas sociales".

Al margen de este nuevo cruce verbal, el kirchnerismo ya definió que le imprimirá mucha fuerza al proyecto y la oposición considera que, más allá de eventuales cambios, el plan esta hecho a la medida de las aspiraciones que tiene Néstor Kirchner para 2011.

El radical Ricardo Alfonsín, diputado electo por el Acuerdo Cívico y Social, admitió la importancia de encarar una reforma política, pero expresó sus reparos sobre la eventual implementación del sistema de internas abiertas. Ese procedimiento podría "desvirtuar la identidad" de las fuerzas y "ocurrir interferencias", alertó.

Y el diputado Nacional del PRO Christian Gribaudo indicó: "El Gobierno quiere una reforma política express: llaman a la oposición a un diálogo que fue un monologo, esconden un proyecto que luego mandan a un Congreso que cambia su composición en 40 días para que lo apruebe en quince. El único interés de semejante atropello es sacar una ley a la medida de Kirchner".

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