Podría haber más consecuencias en el Gabinete

No le quedó salida a Daniel Scioli y debió echar a Santiago Montoya, quien había desautorizado la decisión política del gobernador al cuestionar las candidaturas testimoniales y, lo que es aún peor en el esquema actual, había desatado la ira de Néstor Kirchner. Si desde algún área del gobierno esbozaron una defensa de Montoya, la desilusión de Daniel y la bronca de Néstor siempre podrían más.
El peronismo actual (oficial), no tiene lugar para mínimos resquicios de disidencias, aún cuando las discrepancias vayan en el camino de salvar la ropa del incendio. Kirchner exige que todos estén adentro, para la salvación o la inmolación. Para quienes vislumbran algún camino de crecimiento político el juego es demasiado arriesgado, sobre todo si te mandan a perder seguro, como el caso de San Isidro. Además, el despido del titular de Arba sirve de modo aleccionador para aquellos que pudiera osar decir que no.

Montoya dice que le tendieron una trampa, pero no cayó en ella inocentemente. Quizá porque estaba cansado, quizá porque se siente más cómodo en otro costal político, quizá porque los tiempos por venir lo pusieran en el apriete de ya no ser tan exitosa su tarea. Pero habrá que ver qué otras consecuencias pueden sobrevenir a su salida en el seno del gobierno provincial.

"Montoya dijo lo que pensamos varios pero no podemos decir", se le ha escuchado a un funcionario bonaerense que no está para nada de acuerdo con la candidatura de Scioli, porque considera que con la misma no se gana nada. La hasta ahora siempre bien guardada discusión interna en el sciolismo comienza a tener fugas, filtraciones que hasta podrían empujar al gobernador a otras modificaciones ministeriales.

A diferencia del ex recaudador, quienes no están de acuerdo con la candidatura del mandatario saben que no lo pueden decir, y hasta reconocen que si uno se expresa en contra de la política de quien manda se debe ir. Eso no quita que puertas adentro se vivan horas de tensión en el gabinete bonaerense. Incluso, algunos de los adversarios de las testimoniales se verán obligados a ir en las listas. ¿Aceptarán todos o habrá quienes peguen en portazo?

Más allá de ello, no debería sorprender si, en breve, hay más movimientos en el equipo de gobierno. El sector silencioso pierde terreno en la estructura; la balanza se desequilibra hacia el ala que políticamente gusta jugar a arriesgar más.

¿Hasta dónde podrá resistir Carlos Stornelli si se reiteran hechos como los de esta semana en materia de Seguridad y su principal defensor se debilita en la puja interna?

¿Y Daniel Arroyo? El ministro de Desarrollo Social es uno de los que podría ir a la lista de diputados nacionales, igualmente no faltan los interesados –de adentro y de afuera- por ocupar el liderazgo de una cartera con innegable trascendencia en la política que gusta aplicar al peronismo. El viernes circuló con fuerza el rumor -desmentido luego desde el ministerio- sobre una posible renuncia de la encargada de minoridad, Cristina Tabolaro.

Scioli va a fondo, y lo hará más si Kirchner se baja y le deja allanado el camino con la primera candidatura como diputado nacional. El grupo que le ayuda a apretar el acelerador demostró incondicionalidad –que para otros es obsecuencia- y será el que se suba al podio de la victoria en caso que esta se concrete. En esas mieles quizá no haya espacio para quienes hoy ponen reparos a una presentación ficticia. Tarde o temprano habrá nuevas salidas, hablen o no en público sobre sus disidencias.

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