Poder territorial

A pesar del desprestigio que envuelve a los poderes legislativos y a parte de sus miembros, la representación parlamentaria es uno de los pilares del sistema democrático.
Viene al caso recordarlo a la hora de analizar cómo podría afectar al actual gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, la escasa representación parlamentaria nacional que le han deparado las elecciones del domingo último.

En principio, hay que decir que Schiaretti nunca tuvo un proceso electoral del todo favorable: ganó por menos de dos puntos porcentuales la Gobernación en setiembre de 2007.

De no haber sido por el mecanismo mixto segmentado que se estableció en la reforma constitucional provincial de 2001 para la distribución de las bancas, el sucesor de José Manuel de la Sota hubiera tenido gravísimos problemas de gobernabilidad.

Unión por Córdoba obtuvo en aquella reñida elección el 37 por ciento de los votos; sin embargo se quedó con el 53 por ciento de los escaños de la Unicameral. Y, hasta hoy, cada proyecto que envió Schiaretti a la Legislatura fue aprobado sin grandes cambios.

Menos de dos meses después de aquella controvertida elección de 2007 y en medio de sospechas lanzada por Luis Juez sobre fraude en la elección, el 28 de octubre de 2007, la lista de candidatos a diputados nacionales que apoyó Schiaretti –ya como gobernador electo– salió en tercer lugar, con menos del 17 por ciento de los votos. Sólo obtuvo dos bancas, de las nueve en juego.

Dos años después, el domingo pasado, la historia se repitió. Aunque en esta oportunidad el gobernador Schiaretti eligió a los candidatos y se metió de lleno en la campaña. Sus elegidos salieron terceros. Se quedaron fuera del Senado y sólo dos de ellos entraron a Diputados, aunque sólo uno es de su estrecha confianza.

Desafío complicado

Con la posibilidad de un eventual segundo mandato provincial negada por la Constitución, a Schiaretti le queda la proyección nacional; un espacio que intentó conquistar el año pasado, al coincidir con otros gobernadores y figuras nacionales en el reclamo a favor del campo.

Tuvo su momento de gloria cuando se sentó en la mesa opositora a los K con algunos de los que hoy aparecen como presidenciables. Pero como en el peronismo la base del poder es siempre territorial, los números del domingo pasado y sus consecuencias le mostraron al gobernador que quedó lejos de sus compañeros.

Sin referente en el Senado y con un solo hombre de confianza en la Cámara de Diputados, aparece con poco poder de presión, de negociación y de fuego. Elementos que, paradójicamente, todavía conservan los "grandes derrotados" de la pasada elección: los Kirchner, según la lectura del gobernador cordobés.

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