El Poder Judicial también se prepara para el poskirchnerismo

Por Pablo Abiad

Periodista abogado. Director de Comunicación en Litigios de Llorente & Cuenca

Ni una semana esperó la corporación de Comodoro Py para ratificar que otra vez se ajustará a los vientos que corran. Fresquísima la derrota del oficialismo en las últimas elecciones parlamentarias, el martes al mediodía, un fiscal dio a conocer un dictamen requiriendo la elevación a juicio de una causa contra la ex ministra de Economía, Felisa Miceli, por aquel increíble hallazgo de una bolsa con dinero en el baño de su despacho; el viernes siguiente, un juez anunció frente a las cámaras de televisión que el saliente secretario de Transporte, Ricardo Jaime, deberá explicar en su juzgado por qué hizo tantos vuelos inconvenientes en aviones que no figuran en sus declaraciones juradas. Dos señales bastan: la Justicia Federal ya avisó que en Tribunales también arrancó el poskirchnerismo.

Es lo mismo que ocurrió cuando Carlos Menem fue perdiendo su poder. Este fuero concebido como tal justamente por Menem es el más sensible a las cuestiones políticas por la sencilla razón de que su misión fundamental es investigar los delitos que puedan cometer los funcionarios públicos nacionales. Igual que hace una década, en los próximos meses, expedientes llenos de polvo se asomarán lentamente a la luz y peritajes ordenados para ganar tiempo llegarán con apuro a alguna conclusión de interés. Pero atención: así como el posmenemismo judicial dejó una sola condena firme, la de María Julia Alsogaray por enriquecimiento ilícito, tampoco hay indicios de que el poskirchnerismo esclarezca en serio los numerosos casos de posible corrupción que se conocieron en esta última etapa.

Hasta ayer, la base de datos que registra todas las causas de Comodoro Py arrojaba exactamente 37 sumarios con carátulas a nombre de ‘Jaime, Ricardo’.

La relación del kirchnerismo y el fuero federal tuvo una primera etapa muy conflictiva, con Gustavo Béliz como ministro de Justicia. En 2004, ya desplazado Béliz, la estrategia oficial para Comodoro Py pegó un volantazo y los jueces se acomodaron mejor. De los seis que hoy integran la estratégica Cámara de Apelaciones el tribunal que decide qué investigaciones contra funcionarios siguen su curso y cuáles se archivan, cuatro fueron designados por el matrimonio Kirchner.

Sin embargo, más que nombrar jueces, Cristina Fernández y su esposo pusieron de moda el heterodoxo sistema de subrogantes: jueces sin acuerdo constitucional del Senado ni decreto de designación, jueces débiles, carentes de un cargo formal que los respalde para tomar decisiones o dejar de tomarlas sin temor a que los castiguen dejándolos afuera de un concurso. El Consejo de la Magistratura, dominado por el kirchnerismo desde la reforma de 2006, fue funcional a este esquema; en la agenda del poskirchnerismo va a figurar primero la necesidad de convertir al Consejo en un órgano más transparente, más imparcial y menos sujeto a la voluntad de los delegados oficialistas.

Por supuesto, en la Corte Suprema también tienen clara la fecha de vencimiento de la Justicia era Kirchner. Néstor Kirchner fue quien desplumo al tribunal de la mayoría automática menemista uno de los aciertos de su gestión y quien reemplazó a aquellos jueces tan sospechados por juristas de calidad. Aún sin cohesión interna, con su configuración actual, el máximo tribunal dio sus muestras de independencia; en este poskirchnerismo que arranca, tiene que resolver temas incómodos para el Gobierno, desde DNUs hasta candidaturas testimoniales. El contacto con la Casa Rosada hoy es el mínimo indispensable y no pasa por el ministro del ramo, Aníbal Fernández, a quien los jueces no consideraban un interlocutor digno ni siquiera antes de la derrota en las elecciones.

Mejor nexo supo ser el procurador general Esteban Righi, que no se imagina mucho rato más al frente de los fiscales. De acá a 2011, en los demás fueros habrá movimientos n la misma sintonía, jueces valientes que volverán a mostrar que es mucho más fácil firmar resoluciones contra un gobierno cuando ya está de salida.

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