El Poder Judicial sale a la cancha

Por Manuel Garrido

La previsible utilización de vetos legislativos y decretos de necesidad y urgencia debe ser evaluada y controlada por el Poder Judicial, que aparece como delimitador del alcance de las facultades reconocidas por la Constitución al Poder Ejecutivo.

La semana se cerró en medio del ruido generado por diversos recursos judiciales, la desesperada búsqueda de una jueza con el auxilio de la Policía, el cruce de la cordillera de un vicepresidente con ansias de protagonismo, nostalgia de per saltums y discusiones sobre los efectos de los recursos de apelación, la naturaleza de los decretos de necesidad de urgencia, el alcance de la habilitación de días y horas inhábiles y muchos otros temas jurídicos que súbitamente han cobrado interés público.

Detrás de toda esta hojarasca, lo que está en discusión es cómo el Poder Ejecutivo podrá gobernar a partir de ahora con un Congreso que ya no domina.

La previsible utilización de vetos legislativos y decretos de necesidad y urgencia debe ser evaluada y controlada por el Poder Judicial.

En este novedoso panorama conflictivo, en el que hasta insólitamente la presidenta y el vicepresidente representan a oficialismo y oposición, adquiere protagonismo el Poder Judicial como regulador de conflictos y delimitador del alcance de las facultades reconocidas por la Constitución al Poder Ejecutivo. Éste las necesita más que nunca para gobernar, pero no son ilimitadas.

Y más allá de las facultades de revisión de los decretos de necesidad y urgencia y de la promulgación parcial de leyes que competen al Congreso, la preservación de tal intervención parlamentaria y la última palabra corresponden al Poder Judicial.

Es, entonces, el Poder Judicial el que debe resolver cuestiones tales como el alcance de las razones de necesidad y la urgencia requeridas por la Constitución, hasta qué punto eso será revisado, cuándo existen razones excepcionales que hagan imposible recurrir al Congreso para la sanción de las leyes y otros aspectos que el texto constitucional establece.

Hace pocos días, cuando era difícil presagiar este desenlace, se puso en duda la imparcialidad de la Corte Suprema de Justicia atribuyendo a su presidente supuestas aspiraciones electorales.

La desmentida, formulada a través de voceros, debería ser reforzada, ya que hoy, más que nunca, es necesario que el protagonismo y la imparcialidad de la Corte estén fuera de toda duda o sospecha, como las deslizadas por el jefe de Gabinete al comienzo de la semana.

Es en esta oportunidad cuando se comprobará si es genuino el respeto a la independencia judicial que se proclamó al designar a gran parte de los integrantes de la actual Corte Suprema de Justicia.

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