El poder de la calle

Por Mariano Grondona

Según la Constitución hay tres poderes, pero nuestra inestabilidad institucional ha permitido la presencia decisiva de otros poderes. El poder militar irrumpió en 1930 y se convirtió en dominante por más de medio siglo hasta retroceder abruptamente en 1983. El poder sindical nació en 1945 y todavía subsiste. Cuando cambia el humor del pueblo, hablamos del "poder electoral". La prensa no es, como se ha dicho, un "cuarto poder", ya que se dispersa a través del pluralismo comunicacional. Pero hay otro poder que, a la inversa del poder militar, no ha hecho más que crecer desde 2001: el poder de la calle.

Desde el ágora ateniense hasta el foro romano, en los países de clima templado y amplios espacios abiertos el poder de la calle ha estado una y otra vez presente. Amantes de los espacios cerrados, los anglosajones lo detestan. Ignorarlo fue el gran pecado cultural del general Galtieri en los albores de la guerra de las Malvinas, cuando pretendió impresionar al secretario de Estado Haig llenando la Plaza de Mayo y consiguiendo el efecto contrario. Contradictorio hacia afuera, no por eso el poder de la calle ha dejado de pesar decisivamente hacia adentro en un país latino como el nuestro. Su máxima expresión fue el golpe de Estado cruento aunque no militar de diciembre de 2001, que precipitó la caída del presidente De la Rúa.

La alocada ambición de Néstor Kirchner alteró radicalmente nuestro esquema de poder desde 2003, cuando por seis años exaltó fuera de toda medida a la Casa Rosada por encima del Congreso y de la Corte Suprema, aliándose en cambio al poder sindical de Hugo Moyano que aún le sirve de sustento. Hasta el 28 de junio de este año, la gravitación de Kirchner consistía en la exaltación de dos poderes, el Ejecutivo y el sindical, en la sumisión de los poderes Legislativo y Judicial y en la destrucción de las Fuerzas Armadas.

El 28 de junio de este año, y con un sentido adverso a Kirchner, volvió a escena el poder electoral. Diversos signos como la prisión del sindicalista Juan José Zanola, acusado del más horrible de los crímenes que es la venta de remedios falsos a enfermos terminales, mostraron el posible retorno del Poder Judicial contra la corrupción sindical que se atribuye a Moyano y los suyos. El jueves 3 pasado, el Congreso volvió a su lugar.

Privado de la acumulación de poderes que había logrado hasta 2009, Kirchner pretende aferrarse ahora a los pocos poderes que le quedan. Por eso quiso lanzar a las calles a sus masas clientelares para recuperar, al menos, el poder de la calle. ¿Lo está logrando? La pregunta es válida porque, también atraídas por la "caja" que aún retiene el ex presidente, otras masas igualmente hambrientas por el angustioso aumento de la pobreza se han lanzado a las calles pero ya no alineadas con Kirchner sino contra él. Por un camino o por el otro, ¿vuelve entonces el país al orden republicano de los tres poderes?

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