El poder bloquea el diálogo

El arzobispo Villalba llevó la prédica del Episcopado a las máximas jerarquías estatales. Eudoro Aráoz, nuevo timonel del Colegio de Abogados, insistió en el reclamo de participación. El papel de Alberdi. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción
El arzobispo de Tucumán y vicepresidente primero del Episcopado argentino, monseñor Héctor Villalba, recorrió los espacios más jerarquizados del Gobierno en la provincia, con el documento de la última asamblea plenaria de la Iglesia. Las puertas de los despachos del gobernador José Alperovich y del presidente de la Legislatura, Juan Luis Manzur, se abrieron sin demoras. Ellos son las cabezas de los poderes políticos por excelencia, donde prevalece netamente la voluntad del oficialismo. A la Corte Suprema de Justicia le llegó también el mensaje de la Iglesia.

La apelación al diálogo es una constante en el texto que condensa el pensamiento eclesial en torno de la construcción política de la Argentina del Bicentenario. “Expresamos la necesidad de buscar acuerdos básicos y duraderos, mediante un diálogo que incluya a todos los argentinos”, plantea en el acápite titulado “Aportes para una nueva Nación”. ¿Y qué se entiende por diálogo? El diccionario de la Academia Española lo explica: “Discusión o trato en busca de avenencia“. Y avenencia significa “convenio, transacción”, según el lenguaje académico. Si se explora en la realidad política contemporánea la encarnación de ese verbo, se verá que brilla por su ausencia.

Hasta el más protocolar de los diálogos faltó en las últimas horas durante la fugaz visita de Julio César Cleto Cobos a Tucumán. De Alperovich para abajo, las autoridades provinciales no se dignaron en saludarlo, pese a que el ministro político Edmundo Jiménez había sido avisado de la llegada del vicepresidente de la Nación.

El temor a la ira del matrimonio presidencial paralizó cualquier movimiento. También es cierto que Alperovich no asimiló jamás que un ex radical como él, ingresara sin su venia a lo que supone que es su feudo inexpugnable. La guerra quedó declarada cuando el entonces candidato a vicepresidente participó de un acto electoral en 2007, de la mano de Jorge Mendía.

La militancia de Alperovich en el más ortodoxo kirchnerismo ahondó la brecha entre el gobernador y el mendocino Cobos. La aguerrida defensa de las retenciones móviles a la soja que había practicado el primero, contrastó con el voto negativo del vice. Cobos debió sortear, además, el hostigamiento de una facción kirchnerista, sin que se le moviera un pelo a la Casa de Gobierno. En su vehículo, se desplazó a los tumbos por inseguros caminos vecinales, en medio de la indiferencia oficial. Los gestos de civilización política, ausentes. Los egresados del Liceo Militar, mientras, vieron cumplido su sueño.

La doctrina de “vamos por más“

El no diálogo primó también a lo largo del extenso e intrincado conflicto por la Justicia. De entrada, el axioma “vamos por más” guió al oficialismo, que encalló en su propósito de digitar los nombramientos de jueces, mediante una reforma constitucional que fue tachada de inconstitucional. La acción enderezada a imponer los designios políticos por sobre el derecho genera deterioro institucional.

Alperovich sospecha de los fallos judiciales que contradicen sus ambiciones, pero se olvida de la división de poderes. Es un devoto practicante del decisionismo democrático, que esencialmente es un gobierno de carácter ejecutivo. “El interés del decisionismo democrático es que los ciudadanos confíen en el poder y no que participen en él o lo controlen”, describe el politólogo rosarino Hugo Quiroga. Al control de constitucionalidad que ejercen los jueces imparciales, es de lo que quiere escapar el gobernador.

Desde una posición diferente, Eudoro Aráoz, nuevo presidente del Colegio de Abogados, reclamó por ámbitos de participación en el diseño de las políticas de administración de justicia. En el discurso de asunción del viernes , reiteró la exigencia de conformación de un Consejo Asesor de la Magistratura (CAM) independiente del poder político. Este debería contar con “una composición equilibrada” de jueces, abogados, académicos y representantes de los poderes políticos. La propuesta de Aráoz difiere radicalmente de la del alperovichismo, que atribuye al gobernador la facultad de integrar a su antojo un organismo de asesor. El sucesor de Antonio Bustamante ratifica la vocación dialoguista de los abogados, en sintonía con el documento episcopal, pero ratifica su identificación con el pensamiento alberdiano de la división de poderes.

Mirando hacia el 2009

La política de alianzas para las elecciones legislativas de 2009 prosigue su despliegue. Fernando Juri se erigió, por ahora, en el líder del polo opositor más firme que enfrenta el alperovichismo. Habilitada la filial Tucumán del Movimiento Productivo Argentino (MPA), se volcó de lleno a la organización del peronismo disidente en la provincia. Por prudencia, Juri no fue a la comida de Cobos con los egresados del Liceo Militar.

Sin embargo, hay franjas de ese sector que operan sin reconocer la orientación de Eduardo Duhalde, una de las cuales se referencia en el ex diputado Florencio Aceñolaza y ve con simpatía al cordobés Eduardo Mondino (hoy Defensor de la Nación). Dicen que el ex vicegobernador se mostró decidido a confrontar con el pejotismo, como suele denominarse al aparato que contiene a los dirigentes con puestos en las estructurales estatales. La idea es que la disidencia esté agrupada mayoritariamente en derredor de Juri, antes de fines de año. Ese activismo busca cauces, a pesar de la quietud de Eduardo Duhalde. A este se le reprocha haber instalado a Néstor Kirchner en la Casa Rosada y no actuar con la continuidad necesaria para producir su desplazamiento del centro del ring. Las peleas entre Francisco de Narváez y Felipe Solá arrumbaron el congreso anunciado para esta semana en Parque Norte. Tal vez en febrero, el diálogo permita que se acerquen posturas.

En lo que coinciden todos los refractarios con la Casa Rosada es que la combinación entre “capitalismo de amigos” y “partido del Estado”, exhibe el parentesco entre el actual gobierno y el chavismo, lo que -sostienen- nada tiene que ver con el peronismo.

Ajeno a esas disquisiciones teóricas y al margen del frente judicial, el alperovichismo toma precauciones ante los aprestos políticos de los socios multipartidarios de Juri. Los intendentes y 180 coordinadores políticos deberán ser la barrera de contención de los votos oficialistas en 2009.

Comentá la nota