“No podemos progresar porque a cada rato nos dicen que nos sacan”

“No podemos progresar porque a cada rato nos dicen que nos sacan”
A 150 familias que viven a metros de las vías en casas precarias les prometieron llevarlas a Los Pocitos, pero aún no las censaron.
Los rieles trazan una línea entre dos realidades: la del progreso que significa la puesta en marcha de un servicio de ferrocarril y la de las familias de escasos recursos que se instalan a la vera de las vías porque no tienen dónde vivir. Antes de que el servicio del tren de pasajeros entre San Miguel de Tucumán y Tafí Viejo sea regular, unas 150 familias que se encuentran dispersas a lo largo del recorrido deberán ser desalojadas. Se debe a que instalaron sus precarias viviendas muy cerca del trazado, lo que es riesgoso para la gente.

El intendente de Tafí Viejo, Javier Pucharras, asevera que la intención de la operadora Belgrano Cargas era colocar separadores metálicos para resguardar a los habitantes y luego, en una segunda etapa, trasladarlos. Sin embargo, esas tareas aún no se cumplieron.

Parte de esas familias se encuentran en el Barrio Alejandro Heredia, en la capital.

La mayoría de los vecinos consultados por LA GACETA señalaron que abandonarían el lugar si es que se les otorga un espacio mejor. Algunos de los grupos familiares afirmaron haber sido relevados hace algunos meses para ser reubicados en un predio en Los Pocitos, Tafí Viejo.

“Vivo sola con mis dos hijos, de cuatro y seis años. Tengo mucho miedo de que los atropelle el tren porque ya murieron dos personas así en el barrio. Yo me voy adónde sea que me den una casa”, afirma Cintia Bazán (24 años).

“Si me dan aunque sea un terrenito en un lugar más seguro para los chicos, me voy”, revela Rubén Canseco (43 años), que tiene seis hijos de entre cuatro meses y 17 años. Es cosechero de limón y vive a un metro de las vías desde hace 15 años. “Aquí no podemos progresar ni construir porque dicen que nos sacan a cada rato”, puntualiza.

Sandra García (40 años) se horroriza cada vez que ve a los chicos que tienen que cruzar las vías para ir a la escuela. “No hay ni un paso a nivel, ni barreras. Esto es un peligro. Para colmo, con la altura de esos matorrales, los chicos no pueden ni ver si viene algo”, agrega. Rosa Cuellar (33 años) cree que los tienen que retirar de ahí lo antes posible. “Si el tren funciona todos los días será un problema. Pero nadie vino a censarnos”, cuestiona. La mujer vive desde hace 15 años en la zona y teme por sus hijos y por sus hermanos menores que usan el patio trasero, cerca de las vías.

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