Pocos comercios abiertos y un cerco en la vieja estación

Pocos comercios abiertos y un cerco en la vieja estación
El intendente Pulti dijo que podría convertirse en un espacio público comercial y cultural. Desde la medianoche del sábado, el edificio se encuentra cercado y en silencio. Los comerciantes permanecen expectantes y se reunirán hoy con el jefe comunal. Imágenes de la desolación.
Mientras la nueva Terminal se preparaba para receptar a su primer micro, que fue recibido en la plataforma Nº 30 por el intendente Gustavo Pulti y la Guardia del Mar en un glamoroso acto que se concretó segundos después de las cero horas de ayer, la vieja estación de Alberti y Sarmiento comenzaba a ser cercada con un alambrado que cubrió perimetralmente al predio. Si bien en horas de la tarde del sábado habían circulado versiones que aludían a una posible resistencia de los comerciantes, el personal policial -al mando del Jefe Distrital Centro, Gustavo Salvá-, avanzó pacíficamente sobre el edificio cuyas puertas pudieron ser cerradas sin inconvenientes. De acuerdo con el jefe comunal se evaluará, en el corto plazo, la posibilidad de construir dentro de la antigua estructura un paseo público cultural y comercial.

Silencio. Es lo único que puede oírse desde las afueras de la histórica Terminal de Ómnibus de Mar del Plata que, desde ayer, dejó de operar oficialmente. Una calma interrumpida sólo por el reducido tránsito vehicular que circula por las calles circundantes al viejo predio delimitado por Sarmiento, Alberti, Las Heras y Garay.

Un estacionamiento vacío, sólo el 30% de los locales abiertos, taxis que ya no se detienen a esperar en el lugar de siempre a sus pasajeros, algunas luces apagadas, efectivos policiales controlando la zona y un alambrado que recubre el perímetro de las dos manzanas. Ese es el escenario que presenta desde la noche del sábado la antigua Terminal, a la que sólo puede accederse a través de los ingresos por las calles Garay y Alberti, debido a que las demás entradas se hallan cerradas o cercadas.

Los comerciantes permanecen expectantes, desolados, sorprendidos de ver aquellos tradicionales pasillos hoy absolutamente vacíos. Muchos cerraron sus puertas con la mercadería aún dentro. Otros, permanecen abiertos a la espera de una respuesta de las autoridades municipales.

"¿Qué será de nosotros?", se preguntan mirándose los unos a los otros. Aquellos bares, kioscos, regalerías y sandwicherías instaladas desde hace décadas en el interior del predio, se niegan a bajar la persiana. Resisten. "Vamos a aguantar hasta que nos den un lugar para trabajar", dicen algunos. "Esta es nuestra vida, no tenemos dónde ir", se lamentan otros.

A excepción de unas pocas empresas que aún no se trasladaron a la nueva Terminal, la gran mayoría de las boleterías están cerradas, al igual que los locales característicos de la ciudad que comercializan alfajores, obsequios, golosinas, diarios y revistas.

Sencillamente causa desolación observar a la histórica estación en un período de transición. Durante el recibimiento del primer micro que arribó a la nueva Terminal, el intendente Pulti fue consultado por el futuro del viejo predio de Sarmiento y Alberti y al respecto se refirió a la posibilidad de crear un espacio público cultural y comercial.

"Lo que vamos a hacer con la Terminal, que es un patrimonio histórico de todos los marplatenses -porque no hay nadie que no haya estado allí-, es aprovechar ese espacio para dar usos de índice cultural, de espacio público, también se promueve una iniciativa comercial, de manera que el lugar no se degrade sino que tenga una actividad pública cultural y comercial, porque para una ciudad con las dimensiones y el turismo que tiene Mar del Plata, es muy importante".

Por el momento, no habría un proyecto concreto para definir el futuro del antiguo predio de ómnibus. Sin embargo, se espera que a partir de las próximas semanas las autoridades decidan cuál será el destino de estas dos grandes manzanas. Existen versiones que indican que se construiría un gran paseo cultural y comercial que estaría listo en dos años, aunque esta posibilidad no fue aún confirmada. Mientras, los comerciantes esperan por una respuesta detrás de sus mostradores, dentro de sus locales desolados, entre aquellos pasillos vacíos y cargados de incertidumbre y nostalgia.

La desolación de los comerciantes

Irreconocible. Así definen algunos a la gigante estructura que hasta este sábado -y durante largas décadas- funcionó como Terminal de Ómnibus de Mar del Plata. Vacía, callada y cargada de nostalgia, así como de grandes preocupaciones tanto entre los comerciantes que están instalados dentro del predio como entre quienes tienen sus locales en la zona y subsisten gracias al paso de los viajantes.

Albertina carga a su bebe entre sus brazos detrás de uno de los pocos kioscos que hoy permanecen abiertos dentro del edificio. "Nos vamos a quedar acá, trabajando, hasta que nos den una solución, porque no nos pueden dejar así", dice con la mirada en alto y los ojos cargados de tristeza.

"Es rarísimo ver así a la estación. Nosotros no sabemos qué hacer, queremos que haya una respuesta, que se nos dé un destino para seguir trabajando", agrega, esperando a que alguno de los pocos caminantes que recorren los silenciosos pasillos se digne a comprar algo en su local.

José Luis directamente no se atreve a pisar la histórica Terminal. Su amigo cuenta que la sandwichería y cafetería de José Luis se encuentra abierta desde hace aproximadamente 50 años. "Es toda una vida. No quiere venir para no deprimirse, porque la verdad que ver así a este lugar te deprime. No sabemos qué va a pasar", asegura.

Por lo pronto, las luces del comercio permanecen encendidas y un par de empleados continúan trabajando y acomodando la mercadería que les quedó por vender. "Hay gente que viene a caminar, a mirar cómo quedó este lugar, vivo pero abandonado", indica el amigo del comerciante.

Germán está sentado detrás del mostrador de su ciber-kiosco ubicado a metros de la esquina de Sarmiento y Alberti. "Prácticamente nací en este local", dice y luego explica que se trata de un comercio familiar que heredó de su padre y que funciona desde hace unos 40 años. "La transición es difícil, da mucha tristeza ver todo tan tranquilo en la zona, pero si como dicen ponen un lugar mejor que trabaje bien va a ser positivo", añade esperanzado.

"Acá vivimos de la gente del barrio pero sobre todo de los viajantes. El verano va a ser duro y esperemos que si se construye algo en la estación sea pronto, porque estamos todos muy preocupados. Tristes y preocupados", explica Germán.

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