Pocos avances en la cumbre con Lula por las pujas comerciales

La Presidenta sólo se comprometió a no demorar más de 60 días el ingreso de mercadería brasileña
BRASILIA.- Reproches mutuos y públicos. Reuniones del más alto nivel hasta el último minuto. Compromisos plasmados por escrito y una fuerte presión argentina que Brasil se negó a complacer. Así transcurrió la reunión entre la presidenta Cristina Kirchner y su par Luiz Inacio Lula da Silva, con escasos avances en las diferencias comerciales que los enfrentaron en las últimas semanas, que la diplomacia esperaba que resolvieran ambos mandatarios.

Pero el saldo no fue positivo. Las soluciones quedaron para más adelante y se acordó acortar los tiempos entre las reuniones de los presidentes para destrabar las diferencias. Lula y Cristina Kirchner se volverán a ver dentro de tres meses y los cancilleres, junto con los ministros de Economía e Industria, deberán hacerlo cada 45 días.

Los chispazos se hicieron públicos en los discursos de ambos presidentes, previos al almuerzo que compartieron en Itamaraty. Lula pidió eliminar el "proteccionismo", en un tiro por elevación a Cristina, que lo escuchó atenta y sin el auxilio de la traducción. "El proteccionismo no es la solución. Crea distorsiones difíciles de revertir", sostuvo. Cuando le tocó el turno a ella, devolvió el golpe y le pidió a su par "no ignorar que hay un socio mayor y un socio menor" y, por tanto, exigió "mirar el conjunto".

El detalle no menor de la falta de avances fue la deliberada resistencia de ambos mandatarios a hablar con la prensa, a pesar de que estaba prevista una conferencia. Quedó claro: no había nada nuevo ni bueno que anunciar.

A último momento, los dos gobiernos firmaron un documento que fue redactado bajo presiones de ambos lados. El polémico secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, estará ahora auditado por el Planalto. Sucede que la Argentina debió comprometerse por escrito a otorgar las licencias no automáticas para el ingreso de productos brasileños en 60 días, plazo que ya estaba establecido por la Organización Mundial de Comercio (OMC). Pero Brasil denunció que el gobierno nacional lo incumplía y por eso, de manera unilateral, decidió hace unas semanas dejar varados camiones con mercadería perecedera argentina en la frontera.

El ministro de Industria de Brasil, Miguel Jorge, plasmó el malestar en un contacto con los medios: "La Argentina llegó a demorar 180 días para habilitar las licencias", destacó, en el interior de la gigantesca sede de la Cancillería, mientras Cristina Kirchner caminaba hacia el auto que la trasladaría al aeropuerto. Según pudo saber LA NACION de fuentes del gobierno de Lula, por ahora su administración no llevará el reclamo a la OMC, a la espera de cómo se comporte de ahora en más la Argentina.

Gusto a poco

A cambio, Brasil se comprometió a hacer un preaviso en caso de negar el ingreso de importaciones argentinas, que tuvo gusto a poco a los ojos de la delegación argentina. El gobierno nacional presionó hasta el minuto final para establecer un plazo de 21 días, que Lula se negó a conceder. Mientras Kirchner dejaba esta ciudad, el presidente de la poderosa Federación de Industrias del Estado de San Pablo (Fiesp), Paulo Skaf, defendía la represalia brasileña y mostraba desconfianza en la Presidenta. "El resultado va a ser visto los próximos días, dependiendo de las acciones del gobierno argentino", se despachaba ante la prensa.

Pese a las diferencias, que ambos presidentes calificaron de "pequeñas", ambas comitivas intentaron salvar las distancias y resaltaron que el encuentro había sido "positivo". Los discursos resultaron una jugosa batalla dialéctica que sorprendió a todos. Lula advirtió que su país le compraba a la Argentina el 70% de las exportaciones totales y destacó que 9 de cada 10 autos que nuestro país fabrica para exportar se venden en Brasil. Cristina sintió de cerca la advertencia y contestó: "Es cierto que Brasil es el destino principal de nuestras manufacturas industriales, pero también es cierto que cuando uno mira el intercambio comercial, la exportación desde Brasil hacia la Argentina contribuye a enjugar el déficit que ustedes tienen con otros países".

Además, la Presidenta se negó a eliminar las barreras comerciales y, en otro párrafo para su anfitrión, se despidió brindando para que exista "inteligencia" para resolver las diferencias.

Desde Itamaraty

Con tacos bajos a la fuerza

Cristina Kirchner caminó con dificultad por la extensa alfombra roja que colocaron en la entrada de Itamaraty, sede de la Cancillería. La Presidenta, afectada por un esguince en su tobillo derecho, sorprendió a todos: lució unos zapatos sin nada de taco, en charol negro, que mostró enseguida a Lula. Es la primera vez desde que llegó a la presidencia que Cristina se muestra sin sus cotidianos estiletos de 12 centímetros.

La competencia con los actores

El presidente de Brasil bromeó con los periodistas locales ante el inminente estreno de una película sobre su vida, dirigida por el cineasta Fabio Barreto. Cuando se le señaló que el actor protagónico, Ruy Ricardo, era más apuesto que él, Lula bromeó: "Me preguntan esto porque ustedes no me conocieron cuando yo tenía 30 años". El largometraje llegará a los cines en enero próximo, pero el presidente ya lo vio en una función privada.

CQC Brasil también fracasó en el intento

El programa CQC Brasil persiguió a Cristina Kirchner hasta el cansancio, pero no logró dar con ella. El cronista, para seducirla, le gritó "linda" cuando terminaba de firmar los acuerdos comerciales con Lula. Ella sonrió y saludó con la mano.

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