Un poco de déficit no está mal

Los candidatos de Unión-PRO fueron los primeros invitados en los desayunos organizados por IDEA, AEA y ACDE. De Narváez dijo que no tiene "temor" a entrar en déficit. Se unieron para criticar al Gobierno por las estatizaciones en Venezuela.
"Soy bachiller y no doctor, como mencionaron en la presentación. No quiero después tener que dar explicaciones al juez Blanco por el tema", arremetió ayer Francisco de Narváez ante los empresarios de IDEA (Instituto del Desarrollo Empresarial de la Argentina), AEA (Asociación Empresaria Argentina) y ACDE (Asociación Cristina de Dirigentes de Empresa), organizadores de este primer desayuno con candidatos a los próximos comicios parlamentarios. La aclaración resultó casi un buen golpe de efecto para seducir al auditorio patronal, menos nutrido de lo esperable, pero que escuchaba atento a los primeros invitados presumiblemente con ideas más afines que los que vendrán, de la Alianza Cívica y, sobre todo, Frente para la Victoria. Sin embargo, la verdadera proximidad intelectual del candidato a diputado por Buenos Aires con sus anfitriones se produjo minutos después, cuando repudió la presunta "pasividad" que el Gobierno mantuvo frente a la estatización de las empresas siderúrgicas de Techint en Venezuela. Lo escoltaba Gabriela Michetti, cabeza de la lista capitalina de Unión-PRO, quien de modo más elíptico ya había advertido que "no coincidimos con la relación que el Estado establece con las empresas", en referencia al tema.

La gripe fue en parte responsable del faltazo de dos titulares de las tres entidades convocadas. Luis Pagani, el hombre de Arcor que preside AEA, y Gustavo Ripoll, director general de Dell y máximo responsable de IDEA, estuvieron ausentes por el ataque del virus, en el primer caso, y por someterse a observación ante el riesgo de tener una versión severa del germen, en el segundo. Sí llegaron hasta el primer piso del Sheraton otros destacados del ámbito empresario como Manuel Sacerdote (Loma Negra), Alejandro Bulgheroni (Pan American), Cristiano Ratazzi (Fiat), Gerardo Cartellone (Cartellone), entre otros varios que eligieron escuchar de primera mano el discurso de los macristas.

"¿Qué me parece el discurso de De Narváez y Michetti? Que se refieren a un país serio y normal. Sólo eso", fue el juicio síntesis de Ratazzi, al término de las exposiciones que se coronaron con algunas preguntas centradas sobre la cuestión política. "¿Cómo se va a democratizar al Partido Justicialista?", interrogó el moderador del panel a De Narváez. "Con una reafiliación para ver, en principio, cuántos justicialistas hay", despachó el aliado de Mauricio Macri, que se reivindica un hombre del PJ y augura un seguro "ordenamiento" de esa fuerza política.

Por lo demás, a su discurso no le faltaron las definiciones económicas, aunque con un sesgo no emparentado con el discurso empresario tradicional: nunca habló de la remanida cuestión de la seguridad jurídica y defendió el déficit fiscal. Algo que en cualquier momento erizaría la epidermis patronal. "No tengo temor a entrar en un proceso de déficit si sé para qué cuánto tiempo estaré en esa situación. Me acostumbré a que primero hay que perder para luego ganar", sentenció brevemente De Narváez.

Según el candidato, bien podría contribuir a ese saldo fiscal negativo costear un subsidio universal de 800 pesos a los 2,5 millones de familias pobres bonaerenses. Esa subvención estaría fijada por una de las leyes que promete impulsar desde el Congreso. Otra de sus iniciativas promovería una eliminación del IVA sobre los productos de la canasta básica, en atención a "esas amas de casa que pelean como leonas para llegar a fin de mes". El tercer proyecto eje sería para garantizar desde el Estado el primer empleo a los jóvenes, ya que hay 500 mil chicos bonaerenses que ni estudian ni trabajan porque "no existe esa ocupación".

Poco antes, había redondeado su censura a las estatizaciones de Venezuela, pontificando que Argentina no debe estar en el eje que ese país conforma con Ecuador y Bolivia. "Si Néstor Kirchner dice que no sabía (de la estatización de las siderúrgicas Tavsa y Matesi), no le creo. Es demasiado íntima la relación con el gobierno de (Hugo) Chávez. Pero nosotros no estamos dispuestos a cederle ni un centímetro a la política como la de Venezuela", se diferenció.

El hombre de Unión-PRO sólo hizo una referencia elíptica a la cuestión de la inseguridad, cuando al responder una pregunta opinó que sería conveniente bajar de 16 a 14 la edad de imputabilidad de los jóvenes, aunque subrayando que "eso de ningún modo soluciona el problema". Fue Michetti quien en su extensa presentación se explayó sobre la problemas sociales e invocó el auxilio del Estado para combatirlos. "Un chico que consume paco necesita entre 100 y 200 pesos por día para satisfacer las dosis de un adicto. ¿Qué otra cosa puede hacer que delinquir?", justificaba la ex vicejefa. Ninguno de los discursos PRO parecían dirigidos a los comensales. A pocos metros, ubicadas al final del salón, las cámaras de todos los canales de TV captaban cada palabra de los candidatos.

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