Poco cambió entre Bruera y Alak

Quien conduce generalmente ejerce el poder. En el último año en la capital bonaerense se contorneó una situación que lisa el límite de la excepción a este principio. El intendente Pablo Bruera, quien el miércoles cumplirá sus primeros 365 días en el timón comunal, no pudo imprimirle aún un perfil homogéneo y diferenciador a su gestión. Es cierto que tiene tres años para cambiar, pero otro viejo principio de la política indica que lo que no se hace en los primeros días, no se hace más. ¿Será Bruera también la excepción?
La construcción del poder del bruerismo tiene los mismos vicios de origen que tuvo el alakismo, pero con una diferencia palpable. La figura del líder político aún no se avizora.

¿Qué ha hecho la actual admi-

nistración comunal durante este año? En términos de gestión, todo le fue cuesta arriba. Uno de los motivos habría que buscarlo en su precario equipo de trabajo, en un gabinete tan heterogéneo como inexperto; concéntrico a la usanza del kirchnerismo para tomar decisiones. Aquí todo se cocina entre el jefe comunal, los hermanos Mariano y Gabriel y casi nadie más. Hasta el mismísimo Mario Rodríguez, actual secretario General e ideólogo de la escisión de Bruera del alakismo, ha sido desoído en reiteradas ocasiones.

El contexto también le fue adverso. A los pocos días de haber asumido el intendente Bruera afrontó una de las peores inundaciones de la que se tenga registro en la capital bonaerense, con casi 100 mil personas afectadas y pérdidas aún incalculables. Este hecho de la naturaleza dejó al desnudo la desidia en infraestructura hidráulica de la gestión anterior, y también la improvisación de la actual. No hubo plan de remediación, ni Comité de Crisis. No hubo respuesta ante la emergencia. La mayoría de los funcionarios no sabían qué hacer. Este es un dato objetivo. Las pruebas saltaron a la vista aquel 28 de febrero y los días posteriores.

Cuando la ciudad aún no se había repuesto de semejante cadalso, el Viernes Santo un vendaval y granizada sin igual golpeó como nunca antes. Otra vez se vieron los mismos efectos.

Una duda: ¿En qué quedó el juicio a la empresa Coviares? Fue la responsable de todo, según el intendente, a contramano de lo que indican la mayoría de los especialistas. ¿Recuerda el escrache a la concesionaria de la autopista en su sede de Puerto Madero?

Durante esos días quedó en evidencia el proceder de la administración comunal. Menos de cinco personas decidieron todo; dos de ellas ni siquiera son funcionarios. Ni empleados.

El contexto económico tampoco fue bueno para Bruera. Durante dicha crisis, el ministerio del Interior le giró apenas 1 millón de pesos de ayuda. Una soga demasiado corta.

No recibió durante este año el gobierno comunal incentivo de ningún tipo para realizar obras de envergadura. Apenas pudo el intendente inaugurar trabajos menores, que ya estaban iniciados. Cortó cintas de alguna que otra unidad sanitaria (Villa Castells, por ejemplo), aplaudió al pie de nuevos semáforos y se paró sobre nuevas veredas de burdo hormigón en la periferia.

La Nación sólo envió promesas, como el pomposo acto para re-anunciar la electrificación del Roca. No tiene la culpa Bruera de que haya sido el quinto anuncio en igual cantidad de años. El vetusto tren a gasoil corre aún con vendedores ambulantes de pilas y linternas. Eso es lo más cercano a la electricidad en el ferrocarril.

En un intento por mostrar transparencia y una suerte de democracia directa, la gestión comunal implementó el Presupuesto Participativo, que más allá de algunas asambleas manejadas por punteros con incidentes aislados, dio aceptables resultados con obras menores. Lomas de burro, refugios para micro, semáforos y poco más.

En este año, el bruerismo modificó la circulación en la rotonda de 7 y 32, en una decisión que parece haber agilizado el tránsito en ese acceso al casco urbano; y refaccionó (con muchísima lentitud) los pasos a nivel de 1, 32 y 38. Esta es una obra que ya se ve.

El sistema de transporte que teóricamente debería contar con unidades con GPS (así lo prometió el intendente) sigue desorientado a los sufridos pasajeros. Nada ha cambiado en este aspecto.

En las próximas dos sesiones del Concejo Deliberante se podría aprobar el proyecto elaborado por el Ejecutivo para la creación de una empresa mixta de transporte. ¿Qué privado será beneficiado con esta medida? Quizás el sospechoso Grupo Plaza de los hermanos Cirigliano, una megacompañía ultrakirchnerista vinculada al se-

cretario de Transporte Hugo Jaime que creció como ninguna otra al calor de los subsidios del Gobierno. Es la misma que explota el TBA y Metrovías, entre muchas otras. Para que usted pueda cobrar dimensión, el Plaza recibió sólo en 2007 por la ex línea Sarmiento 116.003.594 pesos en concepto de subsidios, según datos oficiales. Es la compañía que más subsidios manejó ese año.

El Director de Transporte de la Comuna, Federico Nuñez, está muy vinculado con el Grupo Plaza. ¿Será sólo una coincidencia?

El sistema de clasificación de residuos implementado por el Gobierno municipal dio algunos resultados en zonas del centro platense, pero todavía es muy incipiente y poco extendido. Cualquier conjetura puede resultar apresurada en este sentido, ya que antes que nada se precisa de un cambio cultural.

En lo que queda de 2008 seguramente se aprobará la ampliación de 130 licencias de taxis para la ciudad. Este año la tarifa del taxi aumentó dos veces y una la del micro.

El 2009 estará signado por las elecciones legislativas, las cuales pueden condicionar los últimos años de la gestión Bruera y hasta sus aspiraciones políticas perso-

nales. Como ya se remarcó en diferentes ocasiones, el bruerismo ha mutado al ultrakirchnerismo en el peor momento del kirchnerismo. Bruera quiere despegarse de Kirchner, pero no sabe cómo. En La Plata, la K no es una letra para seducir al electorado.

Para colmo, la geografía en el Concejo Deliberante puede modificarse claramente mucho antes de las elecciones. La posibilidad de que Gonzalo Atanasof encabece una amplia fuerza peronista opo-

sitora dentro del recinto, junto a diversos concejales de peso (¿Arteaga?) no parece una quimera. Sin los votos de la Coalición Cívica de Oscar Negrelli, parte de los proyectos del oficialismo podrían naufragar.

Gran parte del peronismo de la ciudad ya olió que el proyecto kirchnerista transita sus últimos días. Hasta los movimientos sociales, como Libres del Sur se han ido a otra vereda. Ni Alberto Fernández hoy defiende a los K. Muchos menos su pareja Vilma Ibarra. Y el gobernador Scioli cuida con detalle cada una de sus palabras en público relacionadas con el matrimonio presidencial. Tampoco quiere quedar pegado a este final de ciclo.

Al intendente Bruera todavía le queda un largo camino por transitar. Tiene la posibilidad y el poder que le transfirieron las urnas para revertir la sensación de que poco y nada ha cambiado en la ciudad luego de la salida de Alak.

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