La poca demanda mantiene el precio del pescado de cara a la Semana Santa.

Las pescaderías sostienen que a pesar de la paridad en los costos es escaso consumo. En algunos casos, la causa es la crisis financiera y en otros la opción de elegir otros platos alternativos como las pastas, bocados de verduras o las habituales pizzas.
En lo que va de la Cuaresma y cerca de Semana Santa, las góndolas de pescado exhiben precios similares respecto al año pasado. Si bien los costos son “accesibles”, los comerciantes sostienen que su consumo se redujo notablemente.

Durante los días clave de la cuaresma, las pescaderías aprovechan las “bonanzas” que ofrecen los hábitos y costumbres religiosos, como la abstinencia de la carne roja, para incrementar sus ventas. Si bien pescaderos, comerciantes y clientes coinciden en que se mantienen los precios respecto del año pasado, algunos aseguran que esto se debe a que cayó su demanda.

“Los precios son los mismos pero no así la venta, la gente el año pasado compraba más, no sólo los viernes de cuaresma, sino toda la semana, creo que las expectativas no van a ser las mejores para Semana Santa”, comentó a este medio José Ramírez (38), encargado de una reconocida pescadería de Capital. La crisis, la preferencia por platos alternativos y más económicos o la opción de cumplir con otra penitencia que no sea la abstinencia de carne roja, son algunos de los motivos que aducen los vendedores respecto a la baja en las ventas

Al parecer la gente se inclina más por preparar otras comidas que van desde pastas, comidas vegetarianas o las tradicionales pizzas, alternativas que ayudan a proteger la economía familiar. “Son tiempos difíciles y los clientes cuidan su plata, se especula mucho más con la opción de otros platos más baratos que el pescado”, dijo el comerciante.

Ante este panorama, muchos comerciantes decidieron implementar estrategias de ventas para promover el consumo de pescado. Una propuesta concreta es ofrecer recetas prácticas y económicas para que los clientes dejen de lado el “mito” de que comer pescado es caro.

El filet de merluza, el producto más solicitado por los correntinos en la previa de la Pascua, tiene un costo de 18 pesos el kilo en los principales comercios. “La merluza es una buena opción para estos días, se la puede acompañar con cualquier comida económica como verduras, arroz o pastas”, expresó María, encargada de la góndola de pescados de un reconocido supermercado.

El calamar es otro producto viable ya que su costo ronda los 8 pesos el kilo. “Se pueden realizar infinitas recetas con productos de mar como las aletas de calamar, las anchoitas o el atún que son productos accesibles para elaborar platos económicos”, dijo la mujer.

Redes vacías en el Paraná

Si bien los precios tampoco variaron en los productos de río, los pescadores de la ribera del Paraná manifestaron que a causa de las aguas turbias del río la pesca es escasa.

“El río está muy sucio y como consecuencia no hay forraje para los peces, es difícil conseguir ahora por las condiciones que presenta”, manifestó a este medio Gustavo Colman, mallonero.

El trabajador del río también coincidió en que el consumo bajó respecto a otros años, especialmente en tiempo de cuaresma. “El precio del pescado no es caro, lo que pasa es que la gente quiere ahorrar hasta el último centavo”, dijo el pescador.

A 15 días de la abstinencia y el acto penitencial de Semana Santa, muchos correntinos cumplirán con el mandato de la Iglesia pero con alternativas más económicas. Muchas verduras y algunas pastas serán las variantes a los costosos kilos de pescados para la mesa familiar.

El Paraná está “turbio por la contaminación”

“Agua que no has de beber déjala correr”, dice un viejo dicho y que parece coincidir con la “mugre” que presentan las aguas del Paraná en la zona del Riachuelo. Según los propios pescadores del lugar, la principal causa de contaminación son las empresas aledañas que vuelcan sus desperdicios en las costas del río.

“Es imposible vivir de la pesca, las aguas están muy sucias y contaminadas y eso es por culpa de los frigoríficos y empresas que están a la vera del río”, explicó a este medio Walter Soto, mallonero y vecino del Riachuelo. En este contexto, el trabajador de las redes explicó que en mayor medida las empresas vuelcan cantidades considerables de desechos, entre ellas sal y cloro.

“Los peces buscan aguas más claras y con mayor forraje, es difícil habitar en esta zona con las malas condiciones y nivel de contaminación que presentan las aguas”, dijo el pescador. Según los especialistas, tanto el cloro como la sal son sumamente perjudiciales para las poblaciones ícticas, provocando mortandad de peces.

En este contexto denuncian que tanto la sal como el cloro, producto elemental también en el proceso de blanqueo de la pasta celulósica, utilizado por algunos frigoríficos y vertidos al río, intoxican las aguas perjudicando la fauna acuática. De un tiempo a esta parte Juan José Neiff, investigador del CONICET, consideró que la región se encuentra ante “la mayor crisis ecológica que se haya registrado en el Paraná en los últimos cincuenta años”. Queda poco tiempo para revertir este tremendo daño y lo peor de todo es que las autoridades aún no despiertan a tiempo para frenar la matanza de los recursos del río Paraná.

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