Poca caja, la debilidad política de los Kirchner

Por Carlos Pagni

En 2009 la economía argentina dejará de crecer. Los optimistas creen que el precio de las commodities que vende el país caerá un 20%. Los pesimistas suponen que lo hará un 40%. El superávit fiscal será cada vez más escaso para financiar la obra pública y los subsidios al consumo de energía seguirán sustituyéndose por aumentos de tarifas.

Aumentará la pobreza y no se crearán más empleos. Esa será la atmósfera en la que transcurrirá el año electoral que se está inaugurando. La política se prepara para responder al fenómeno: en un clima recesivo, resulta cada vez más conveniente enfrentar a los Kirchner.

Las primeras señales de ese cálculo llegan desde la provincia de Buenos Aires, principal escenario de la disputa. Eduardo Duhalde, que construye allí una oposición con eje en el PJ, ahora tiene problemas por el exceso de candidaturas. El jueves se enteró de que Felipe Solá medita renunciar a su diputación, obtenida en el kirchnerismo, para volver a someterse al electorado. Duhalde deberá combinar esa poderosa pretensión ?Solá es, acaso, el peronista con mejor imagen del distrito? con los acuerdos celebrados con Francisco de Narváez. Duhalde quiere ir más lejos: integrar a los intendentes radicales que rodean a Julio Cobos ?desafiando el atractivo que Margarita Stolbizer ejerce sobre ellos? en una alianza que reemplace a la concertación fallida de Kirchner. La sorpresa final sería que el jefe de campaña de este nuevo compuesto fuera alguien que hoy trabaja junto a Daniel Scioli.

También Solá deberá ofrecer alguna plasticidad. Mauricio Macri, con el que compite por la presidencia, es el sueño lejano de Duhalde. Si por él fuera, el jefe del gobierno porteño debería recorrer el conurbano apoyando una lista integrada por Solá y Narváez. A cambio, Duhalde prometería no hacer experimentos que resten votos a Pro en la Capital Federal. Es decir: se abstendría de atraer a Roberto Lavagna con una candidatura a diputado. No debe llamar la atención que alguien piense en llevar a Lavagna al Congreso. El debate económico animará la vida legislativa hasta las próximas elecciones presidenciales. Elisa Carrió lo advirtió antes que nadie: el año que viene, Alfonso Prat-Gay se sentará en una banca de la Cámara de Diputados. Prat-Gay ha sido, acaso, el fiscal más severo y más precoz del actual proyecto económico, diseñado por Lavagna y radicalizado por Kirchner. Anteanoche, ante un auditorio convocado por la Universidad de La Plata, insistió: "El modelo está muerto y la prueba más dolorosa es que este año la creación de empleo desapareció. Fue 0,3%. Nada".

Macri no es indiferente a esta discusión. Teme que el enfriamiento de la economía complique la financiación de la obra pública en la ciudad. Ya lo está haciendo: el gobierno nacional se reserva, con artes dudosas, el crédito disponible en el mercado. Es el principal problema que ve Macri en su camino. Piensa ir a las elecciones con Gabriela Michetti, quien, respaldada en su formidable popularidad, no aceptará la candidatura sin poner condiciones. También ella podría beneficiarse con las dificultades del kirchnerismo: ¿anexará a su lista una de diputados locales encabezada por Jorge Telerman?

En ningún lugar la glaciación económica altera tanto los planes políticos como en Olivos: acaso Kirchner, con su ejemplar tenacidad, deba descartar otras martingalas -Scioli, Massa- y asumir en persona la defensa electoral de su esposa con una candidatura bonaerense. Sería un desafío para el vínculo de Solá con Duhalde, quien tal vez quiera encabezar la lista opositora si el duelo es con su viejo ahijado patagónico.

Los Kirchner son víctimas de esa regla con la que tanto se beneficiaron: cuando las cosas andan bien, la gente cree que es el Gobierno, aunque el Gobierno no tenga tanto que ver; pero cuando las cosas andan mal, la gente también cree que es el Gobierno, aunque tampoco el Gobierno tenga tanto que ver. ¿Conseguirán que ahora la ciudadanía culpe a la crisis global por los males domésticos?

La soja se cotizó el viernes a 364 dólares la tonelada. Con ese precio, la recaudación por retenciones caería $ 1600 millones. En 2009, el superávit fiscal no superaría el 2%. La necesidad de recursos desfiguró la estética del acuerdo con los holdouts . Ahora es el Gobierno el que lo pide a gritos para conseguir los US$ 2500 millones que traería consigo. Ansiosos, la Presidenta y Sergio Massa no esperaron a que se modificara la ley, impulsada por Kirchner, que les prohíbe cualquier transacción con bonos en default: igual recibieron a los banqueros y se definieron en favor de la reapertura del canje.

Para que la transacción evolucione, deberían mejorar las relaciones de precio que presentaban los bonos la semana pasada: los papeles que se entregarían a los holdouts cotizaban por debajo de los que ellos tienen en sus manos. Esa rareza se debe a dos factores. Uno fue que los entusiastas anuncios de la Casa Rosada -si no las compras de operadores privilegiados, cercanos al oficialismo- indujeron a una suba en los precios de los títulos impagos. El otro fue el derrumbe de los bonos emitidos durante la reestructuración de 2005: el Boden bolivariano (2015) retrocedió 7,45%. Por lo visto, los inversores internacionales confiaron más en las promesas de pago de la "burbuja que se derrumba" -los papeles del Tesoro de los Estados Unidos subieron jueves y viernes- que en las de "nuestro proyecto nacional, modesto y humilde".

Este comportamiento pone en tela de juicio el jubileo impositivo para repatriar capitales que estudian en Olivos. Las ventajas de esa medida son dudosas. El dinero no volverá porque se lo exima de gravámenes si no se establecen reglas claras, sobre todo impositivas. El argumento es tan evidente que daría la razón a quienes creen que ese proyecto sólo pretende habilitar a algunos empresarios allegados a Kirchner a blanquear recursos para la compra de nuevos activos energéticos.

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El juego electoral también complica las cuentas. La renovación del impuesto al cheque tiene destino incierto en el Congreso, donde comienza a evaluarse la coparticipación de esos recursos. Solá tendría en esta iniciativa -en la que está aliado con Vilma Ibarra- la plataforma ideal de su relanzamiento. Sobre todo ahora, que Scioli se animó a reclamar fondos.

Hay otra ley crucial amenazada: la de emergencia económica. Es la que Cristina Kirchner le votó en contra a Duhalde y no aprobó siquiera cuando la promovía su esposo: se abstuvo o se ausentó del recinto. En diciembre pasado, cuando le tocó promulgar la norma, prefirió hacerlo por el mero paso del tiempo y no por un decreto que llevara su firma.

¿Qué hará la señora de Kirchner si la mayoría del Congreso decide ahora imitarla? ¿Renunciará a una ley sobre la que se asientan unas 180 prerrogativas de su cargo, o recurrirá a un DNU? Después de todo, ya firmó el primero para ampliar el presupuesto en $ 34.000 millones. Eso sí: para trasladar el feriado del Día de la Hispanidad del 12 al 13 de octubre se llamó a una sesión especial. Un excéntrico salto en la calidad de las instituciones.

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