Pobreza y victimización

Por: Ricardo Kirschbaum

La Presidenta se comparó con el martirologio del general Manuel Dorrego y, a diferencia del plomo que abatió al prócer, dijo temer ser víctima de un "fusilamiento mediático".

No aclaró las razones de tamaña comparación. Quizá lo hizo influida -estuvo esta semana en Venezuela- por la figura de "terrorismo mediático" que agita Hugo Chávez, quién además tiene en carpeta un proyecto de ley para penalizar lo que la fiscal denominó "delito mediático".

Probablemente sobre su ánimo estén influyendo las acciones judiciales que ha desatado el súbito incremento patrimonial que registra su declaración jurada. Pero también, conociendo la extrema sensibilidad de los Kirchner a la crítica del periodismo y su reactividad a la independencia de los medios, las denuncias sobre el incremento de la pobreza que ha hecho la Iglesia, con el mensaje del Papa que la calificó de "escándalo", y el jefe de la Sociedad Rural (en un acto oportunista), estimularon esta respuesta política que refleja una radicalización del discurso presidencial.

La pobreza es una vergüenza y nadie puede desconocer esta deuda social enorme. Merece un debate a fondo para alumbrar acuerdos para una política de Estado que sea eficiente y esté fuera de la especulación mezquina y la acechanza de la manipulación política.

¿Por qué no intentarlo? En vez de poner en marcha un diálogo insustancial y pasatista con la oposición, como el que ahora agoniza, se podría haber buscado una agenda concreta de discusión en el Congreso sobre una política factible contra la pobreza.

La oposición también debería comprometerse a ese objetivo: la propuesta de un ingreso universal a la niñez debe mostrar, de manera realista, de dónde pueden salir los fondos para sostenerla.

Comentá la nota