La pobreza no tiene cálculo

Por: Ricardo Kirschbaum

Que la pobreza es una cuestión de Estado está fuera de toda discusión razonable. De allí la importancia de la decisión del Gobierno de otorgar una asignación de 180 pesos por hijo. Toda medida que apunte a combatir la pobreza extrema debe ser puesta en perspectiva, sin caer en la pequeñez de la crítica por cálculo político o peleas de cartel francés.

La lucha contra la pobreza extrema y por la inclusión social debiera ser una cuestión que esté a salvo del debate político y del cálculo personal. Es un objetivo estratégico por el que todas las fuerzas políticas tendrían que comprometerse a combatir para alcanzarlo.

El Gobierno ha dado el paso que hemos subrayado mediante un decreto de necesidad y urgencia. Ha substraído así la cuestión del Congreso, al advertir que la oposición estaba encontrando con la cuestión social una temática que arrastraba, por su importancia, a los aliados del oficialismo. La extensión universal de la asignación por hijo, que impulsaba la oposición, la CTA y la centroizquierda filokirchnerista, hubiera obligado al Gobierno a una prueba de difícil pronóstico.

La razón del decreto fue anticiparse a esa cuestión, seguir en la obsesión de que la agenda sólo se arma desde el Gobierno, asunto prioritario para los Kirchner, y demostrar que la iniciativa sigue flamante en manos de la Casa Rosada.

El clientelismo, además, es otra de las cuestiones que influyen en esta estrategia.

La intención explícita del oficialismo y las razones ocultas de la oposición, en este caso, parecen anecdóticas si se tiene en cuenta el problema de la pobreza y sus graves consecuencias.

El consenso no menoscaba el poder de las democracias. Por el contrario, lo potencia. Esta era una oportunidad para demostrarlo.

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