La pobreza en Mar del Plata es un fenómeno con historia, altibajos y un futuro complejo

La crisis llegó para instalarse a mediados de los '70 cuando el motor industrial se frenó. La periferia se fue expandiendo sin pausa y sin una planificación adecuada. La desigualdad social registra matices agravantes o atenuantes según variables de circun

El crecimiento demográfico de Mar del Plata se traduce, también, en el aumento de necesidades no satisfechas de mucha gente. Muy atrás en la historia quedaron los tiempos en que radicarse aquí suponía algún tipo de progreso o posicionamiento económico para los que venían a buscar trabajo. Por esa, entre otras razones, la periferia se fue expandiendo sin pausa en una configuración donde prevalece el deterioro de las condiciones de vida.

La crisis llegó para instalarse y quedarse a mediados de los `70 cuando el motor industrial se despotencializó a nivel nacional. Y se fue profundizando paulatinamente al ritmo de políticas económicas por todos conocidas. Podría decirse que en las últimas tres décadas la crisis social subsiste con matices agravantes o atenuantes de acuerdo a variables de circunstancia.

En síntesis, se generó una pobreza estructural a la que se suma inevitablemente el advenimiento constante de "nuevos pobres" que hacen trepar los datos estadísticos que acompañan, en igual sentido, a los del desempleo. Pero, ¿de qué pobreza hablamos cuando hablamos de pobreza?

Lo cierto es que se trata de una realidad objetiva producida por factores multicausales. Y que ante este síntoma social, por un lado, se ensayan discursos y estrategias (con distintos intereses) que pretenden revertirlos y, por otro, se acciona para paliar lo urgente ante demandas que emergen de la necesidad, por lo general, con espíritu solidario.

Una cuestión de necesidades

En rigor, la pobreza es una situación o forma de vida que surge como producto de la imposibilidad de acceso y/o carencia de los recursos para satisfacer las necesidades físicas y psíquicas básicas humanas que inciden en un deterioro del nivel y calidad de vida de las personas, tales como la alimentación, la vivienda, la educación, la asistencia sanitaria o el acceso al agua potable. Y considera, también, la falta de medios para poder acceder a recursos, como el desempleo, ausencia de ingresos o un nivel bajo de los mismos. Pero puede ser, además, el resultado de procesos de segregación social o marginación. Se dice que uno está en situación de pobreza cuando su salario (si es que tiene un salario) no alcanza para cubrir las necesidades que incluye la canasta básica de alimentos.

Los sectores sociales a los que se califica con sus necesidades básicas no satisfechas, en Mar del Plata, plantean distintos grados de carencias. Si bien el grueso de habitantes en esas condiciones se aglomera mayoritariamente en la periferia, también viven en zonas no tan alejadas. Sobre todo a medida que el desempleo condena. En consecuencia, no queda exento quien vive en cualquier barrio y aún en el mismísimo centro de la ciudad.

Probablemente la situación no es igual para todos. Del mismo modo que las condiciones de subsistencia no fueron iguales en los años '70 que en los '80, o en los '90 que ahora.

El período más dramático

El momento más dramático de las últimas décadas fue el que se desató tras el desbarajuste producido en el país a partir de 2001. A grandes rasgos, Mar del Plata venía muy golpeada desde mediados de los '90 por el auge de las importaciones que hirieron de gravedad a la producción industrial local. Y por los efectos negativos que la paridad peso-dólar le significaron al turismo durante diez años cuando para los argentinos era más conveniente viajar al exterior. Basta con revisar los archivos de LA CAPITAL para observar lo que ocurría en las temporadas de aquellos años.

También en los registros de ese período se perciben los angustiosos pedidos de asistencia primordialmente en materia alimentaria para miles de personas sin recursos. Se produjo un enorme crecimiento de comedores barriales en todo tipo de ámbitos para ayudar, más que nada, a los más chicos. Del mismo modo apareció el fenómeno de unos trescientos espacios de "trueque" en los que se intentaba resolver lo más básico y a los que acudían, también, sectores de la clase media que perdían poder de consumo. Y simultáneamente, otro no menos doloroso como la emigración de miles de marplatenses que se fueron a vivir al exterior en busca de mejores horizontes. La desocupación en este período superaba el 25 por ciento.

Mientras tanto, aquí seguían viniendo a radicarse familias provenientes del interior de la Argentina y de países vecinos. Se estima que por día se instalan en la ciudad unas cinco familias y esto sigue pasando aún en la actualidad. Los dos hospitales públicos fueron y siguen siendo los primeros en recibir el impacto de esta creciente migración. En igual sentido los comedores comunitarios, las escuelas, Cáritas y los organismos estatales que salieron al cruce de la problemática con planes y programas de asistencia.

Sin embargo, nada de todo esto es capaz de resolver la cuestión de fondo. Sólo intenta paliar lo inmediato, es decir, "la frazada atenúa el frío pero no lo elimina".

A este ritmo crecieron demográficamente zonas periféricas como los barrios Autódromo, Hipódromo, San Jorge, Santa Rosa de Lima, Newbery, Libertad, Virgen de Luján, Parque Peña, Don Emilio, Parque Palermo y Las Heras, entre otros.

El alivio y otra vez la crisis

De 2003 en adelante la reactivación económica comenzó a aliviar y revertir la situación de mucha gente que fue recuperando el empleo. Un nuevo auge de la industria de la construcción y del turismo fueron determinantes. En el aspecto social se notó en la disminución de la demanda de los más urgente, por caso, alimentos. Por otra parte los programas de ayuda oficial se volvieron más organizados, eficientes y sistemáticos y esto lo admiten quienes trabajan en organismos no gubernamentales que aportan ayuda a los más necesitados.

Pero las cosas volvieron a complicarse en los últimos meses, otra vez, debido a las variables de la economía. Los pedidos de asistencia aumentan nuevamente.

Las estadísticas oficiales indican que en la actualidad un 10 por ciento de la población vive con necesidades básicas insatisfechas. Y que un 39.6 por ciento no tiene cobertura en salud. La línea de pobreza (hogares) en el segundo semestre de 2008 era del 6.8 por ciento. Y la línea de indigencia (hogares) 2.3 por ciento.

Los que nunca bajaron los brazos

Nadie más que los pobres sabe de la pobreza. Y nadie más que los que asumen el compromiso de actuar para asistirlos, sabe de necesidades. Hay temas que de golpe se instalan mediáticamente como si fuesen nuevos. Pero no lo son. Apenas emergen con tímidos matices que no hacen a la cuestión de fondo.

Hay quienes llevan muchos años, muchas crisis y muchos gobiernos trabajando sin bajar los brazos para ayudar a los que "formalmente" tienen necesidades básicas insatisfechas.

Las Heras es uno de los barrios más populosos de la ciudad. Cuando la hermana Marta Garaicochea llegó al Santuraio de Luján -Vértiz y Polonia-, hace 24 años, se encontró con que había mucho por hacer con gente necesitada. Y no paró nunca, aún cuando la realidad parecía desbordar toda posibilidad. El panorama entre las calles polvorientas del barrio, hoy por hoy, es la radiografía de familias que han soportado todo tipo de penurias y un día pudieron cambiar cartones por chapas y después chapas por ladrillos mientras que aparecían otros con cartones y así sucesivamente a través de los años.

"Me duele la estigmatización que pesa sobre la gente", dice la hermana Marta. Y sabe muy bien de qué habla. Hoy muestra con modestia y orgullo el ejemplar "Centro Comunitario Nuestra Señora de Luján" que consiguieron levantar. La idea del "comedor" ya no cuenta. Para la monja no es el centro de la cuestión, porque está convencida de que el abordaje de la problemática va mucho más allá de la solución alimentaria, aunque hubo momentos en los que inevitablemente había que salir a combatir el hambre.

Ahora destaca la tarea que llevan adelante en el plano cultural. Los resultados que se logran con programas educativos que incluyen desde apoyo escolar hasta clases de inglés, de música y coros, de capacitación en distintas actividades, deportivos y de trabajo real y concreto como única salida posible. La panadería funciona a pleno. Ahora enseñan a fabricar pastas rellenas y a decorar tortas con gastronómicos especializados que llegan hasta allí en el marco de un programa del Ministerio de Desarrollo Social. Realizan, también, un proyecto en cooperativa donde elaboran empanadas que luego venden para autofinanciar gastos.

Hay una guardería que cobija a 55 niños de 2 a 5 años. Está "La casa del niño" para 125 chicos de 6 a 14. Otro programa para 56 jóvenes de 14 a 28 años. Y un plan destinado a contener a adultos mayores. Los alimentos apenas son una parte del conjunto de servicios: "No hay crecimiento si no alimentamos el estómago", advierte la hermana Marta. Y añade que en el barrio vive mucha gente joven, que tiene proyectos, "que busca aprender para forjarse un futuro".

Rosa Campos

En el barrio Las Dalias, Rosa Campos, se supera de una afección respiratoria y vuelve al trabajo diario en el comedor "Ayelén" que creó hace 14 años en Los Naranjos 2915 . Allí preparan el almuerzo para 130 chicos y varias decenas de viandas para madres que viven en la zona. "Hay mucho joven de 18 a 25 años sin trabajo, más que el año pasado", dice Rosa. Hace dos años que recibe aportes de la Nación y con eso "nos arreglamos justito". Les cuesta, por ejemplo, acceder a la carne. En "Ayelén" también ofrecen ayuda escolar, clases de inglés, tienen una escuela para adultos e interactúan con otras entidades para programas de capacitación con salida laboral. Ahora están construyendo un aula de material en el terreno de enfrente. Tienen, además, con una fábrica de pan.

Beby Piñero

Hace unos 15 años que Beby Piñero empezó a cocinar para chicos de familias carecientes en el barrio Belisario Roldán. Allí fundó el "Hogar de Asistencia y Formación María Madre de los Niños". Al principio estuvo en la ex 188 y Gascón. Pero hace cinco años inauguró un nuevo y moderno espacio en Calassa (ex 190) 2626. Hoy asiste alimentariamente a 138 pibes de 6 años en adelante. También a un grupo de ancianos. En los últimos meses la demanda creció por la mudanza, a esta zona, de gente de la Villa de Paso. A Beby le preocupa, entre otras tantas cosas, la falta de atención que algunas familias tienen para con sus hijos. Cree que la cuestión de alimentos es la más fácil de solucionar. Y dice que hay que insistir mucho con el apoyo escolar. Desde hace tres años reciben apoyo para comprar comida de un fondo de desarrollo que le llega a través de la Cancillería argentina. En el piso superior del centro comunitario está montado un consultorio odontológico donde atiende un profesional una vez a la semana. "Y... cosas se necesitan siempre, como útiles para los chicos y medicamentos", reconoce Beby.

Aurora Redondo

El Instituto Asistencial Humberto Mariotti "El hogarcito de los niños" se creó hace 19 años por iniciativa de Aurora Redondo. Está en el barrio Parque Palermo, Labarden 3059. A fines de los ´90 y a principios del 2000, en ese lugar llegaron a cocinar para 350 chicos. El año pasado eran 48 y en lo que va de este año el número aumentó hasta los 110 que concurren allí todos los días. Según Aurora, la cantidad varía al son de las posibilidades de trabajo que tiene la gente del barrio. En la actualidad recibe ayuda de organismos internacionales, de empresas y de particulares. Por estos días tratan de agrandar el comedor. Cuenta con un taller donde enseñan a fabricar muebles (bancos y sillas) que luego destinan a vecinos del barrio. Aurora, que ya tiene 82 años pero no afloja, dice necesitar gente voluntaria. Además de la comida que preparan para los chicos, elaboran viandas para un grupo de ancianos. Allí ofrecen apoyo escolar personalizado a cargo de la Municipalidad y enseñan inglés. Y semanalmente concurren pasantes de la carrera de servicio social. Aurora se ocupa de lavar la ropa que le donan con la que hace frazadas. "Estamos necesitando algunas chapas para un viejito que tiene problemas con su casita", pide.

Los Alaguibe

El comedor "El Tranvía" está ubicado a escasos metros del barrio Centenario, en Avellaneda 5847. Pronto se cumplirán 19 años desde que Carlos y Marta Alaguibe lo fundaron. En una mañana cualquiera la actividad es agitada en el comedor donde un grupo de personas prepara la comida para servir la mesa a unos 110 chicos. La mayoría proviene de la villa "Belén" que está en la manzana entre Juncal, Malvinas, Roca y Avellaneda. En rigor, preparan 550 platos diarios que incluyen unas 60 viandas. "Otra vez hay gente sin trabajo y todos los días se agrega alguien nuevo", cuenta Carlos.

De momento no tienen problemas con la provisión de productos para elaborar la comida. Reciben fondos del Gobierno nacional a través de un programa de Naciones Unidas "que cumple a rajatabla" -admite Carlos-, y que cubren el 80 por ciento de lo que necesitan. Todos los meses son auditados. Si la cantidad de platos sube, sube la ayuda. Y si bajan, bajan los aportes. El resto lo resuelven con aportes de supermercados y otras instituciones.

A los Alaguibe les preocupa la gran cantidad de chicos que viven o están en la calle. "Son muchos más que los que dicen las autoridades", apunta Carlos.

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