La pobreza, el hambre y la inequidad social son un escándalo y esa expresión empleada por el Papa en su mensaje de aliento a la colecta Más por Menos ya fue acuñada por los obispos argentinos al proponer, precisamente, como prioridad nacional para el Bice

Por Martín Kanenguiser

Apareciendo sorpresivamente de ese pozo negro que es el Indec desde hace dos años y medio, Ana María Edwin, directora del instituto intervenido por Guillermo Moreno para darle la razón en las estadísticas a los Kirchner, volvió a salir a la luz para retrucar a quienes cuestionan los dudosos números oficiales.

Al igual que ocurrió con su asociado Norberto Itzcovich días atrás, esta funcionaria volvió a defender su gestión sobre la base de presuntos cambios de metodología que ocultan una cuestión básica: la manipulación de datos que investiga la justicia federal y por la que, cuando decaiga el poder del Gobierno, podría terminar presa, como alguna vez dejó trascender el magistrado Rodolfo Canicoba Corral.

Ayer, Edwin se ocupó de cuestionar los planteos del economista Roberto Frenkel, que propuso una serie de mecanismos para lograr transparencia en forma inmediata sin necesidad de formar consejos asesores, sino con la simple decisión del ministro de Economía, Amado Boudou, quien se declaró responsable de lo que pase de ahora en más en el Indec.

A la vez, Boudou dijo estar de acuerdo con las ideas de Frenkel tras reunirse con él, aunque tal vez no con los plazos para llevarlas a cabo, por lo que Edwin estaría desoyendo a su superior con sus reparos.

La funcionaria también invocó un supuesto apoyo "explícito" del FMI a estos "cambios metodológicos", que no existe. Es verdad que el Fondo solo cuestionó tenuemente la credibilidad de las estadísticas oficiales, pero esa suavidad fue por el penoso ruego que le hizo el Gobierno, a través de la propia Edwin en 2008 en Washington, para no tener que enfrentar otra catarata de juicios por parte de los inversores que tienen bonos ajustables por inflación.

Si el Fondo avalara explícitamente lo que se hizo en el Indec, la presidenta Cristina Kirchner permitiría sin temor que técnicos del organismo viajen al país para hacer lo que hacen todos los años en todos los países que lo integran: revisar cuentas públicas. Cuando lo hagan, alguien en el Ejecutivo se dará cuenta de que ese pronunciamiento no resultaba tan trascendente.

En todo caso, llama la atención que el tándem de Edwin e Itzcovich se ampare en el supuesto respaldo de un organismo internacional tan repudiado por el Gobierno, frente a los fuertes reparos explícitos de sectores progresistas presuntamente cercanos a las ideas oficiales como el plan Fénix, Flacso, el CELS y la CTA, ante la decisión presidencial de seguir escondiendo, entre otros, los datos reales de desempleo, pobreza e indigencia.

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