La pobreza y la campaña política

Por: Ricardo Kirschbaum

La Presidenta hizo ayer un enérgico alegato a combatir la pobreza. Con el lodo de Tartagal de telón de fondo, Cristina apeló a esa imagen para subrayar que las consecuencias de los desastres climáticos, como el que vivió la ciudad salteña, siempre las pagan los pobres.

Hábil, buscó la simetría entre ese desastre y la incipiente campaña electoral que se ha lanzado para plantear la diferencia entre gobernar ante la crisis y aprovecharse políticamente de ella. Se trata, como ya lo dijo Kirchner en su último discurso, de una manipulación de la realidad.

El desastre de Tartagal ocurrió en una provincia que fue gobernada por el peronismo, el mismo partido en el que milita la Presidenta, durante 22 años. El anterior aluvión se había producido en marzo de 2006, durante la administración de Néstor Kirchner. Cristina debería también preguntarse sobre las responsabilidades políticas que han permitido la persistencia de ese peligro concreto en Tartagal.

De lo contrario, su alegato tiene el mismo defecto de origen que las críticas de Felipe Solá sobre la inexistencia de una política de seguridad, como si él no hubiera estado gobernando hasta hace poco la provincia de Buenos Aires, un territorio donde la inseguridad es ya una epidemia imparable.

Tanto la inseguridad como la situación social se van a convertir en dos de los ejes de la campaña electoral.

El combate a la pobreza es prioritario. Sería espléndido que los partidos, en vez de tratar de sacar pequeñas e irritativas ventajas, construyeran un acuerdo para atacar las causas y mitigar los efectos, al mismo tiempo, de este desequilibrio social que se ha cristalizado dramáticamente en la Argentina.

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