"Los pobres funcionan como un yacimiento electoral"

El abogado laboralista sostiene que si la sociedad no es democratizada tampoco podrá democratizarse la empresa.
El prestigioso jurista Rodolfo Capón Filas no podía creer que, después del resultado de la elección del 28 de junio -desfavorables al kirchnerismo-, la Cámara de Diputados de la Nación haya dado media sanción al proyecto que prorroga por un año la delegación de potestades legislativas del Congreso al Poder Ejecutivo. "Esto no es serio. El problema es que, institucionalmente, los argentinos tendemos a buscar las culpas en los otros, cuando esto también es responsabilidad nuestra, de todos, en tanto ciudadanos", aseveró.

Precisamente, el catedrático de Derecho Laboral de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora inauguró ayer el XVI Congreso Nacional del Equipo Federal del Trabajo, que hasta mañana se desarrollará en esta capital, a partir de la consigna: "El Derecho Laboral y su contribución a la construcción de una sociedad democrática".

Lenguaje y decencia

Capón Filas se aferra al paradigma del trabajo decente o digno, que promueve la Organización Internacional del Trabajo (OIT). "Pero esto no es posible si no tenemos una sociedad digna. Del mismo modo, si no democratizamos la sociedad, no se democratizará la empresa, porque esta no está aislada de la comunidad. En una sociedad autoritaria, prepotente, excluyente, racista, la empresa hará lo mismo. Basta advertir que, en el lenguaje, hablamos de 'trabajo en negro', expresión discriminatoria y despreciativa que se usa cuando, en realidad, deberíamos hablar de trabajo clandestino", advierte.

El abogado no tiene dudas de que, de acuerdo con el lenguaje que maneja la OIT, la sociedad argentina "es bastante indecente".

"Aquí no hay interés en cambiar las cosas y en transformar al habitante en ciudadano. Se prefiere que haya muchos habitantes que voten de vez en cuando a tener ciudadanos que piensen. Sacando muy pocos municipios, no hay democracia participativa en el país. El problema es que no sólo no la hay, sino que hay interés en que no la haya. Aquí impera este concepto: si tengo el poder político, lo quiero tener para siempre y no compartirlo con nadie, porque se parte de que es algo personal, cuando el funcionario sólo debiera ser un empleado del ciudadano", subraya el profesional, de 75 años.

Muchos caciques

Otro problema endémico, según Capón Filas, es el cacicazgo. "Hay dirigentes sindicales que son eternos: duran y duran. Esto provoca una falta de democracia interna y hace que la gente se pudra (sic), se canse y conforme sindicatos paralelos, que proliferan, porque los oficiales no son participativos ni democráticos. En los partidos políticos, pasa lo mismo: no hay elecciones ni discusión interna. Esto hace que haya muchos caciques y pocos indios, que, a su vez, se sienten tratados como objetos, no como sujetos. En las empresas suele ser igual: no hay participación y sólo reina el 'cállese la boca, soy el dueño, yo mando'", diagnostica.

El corolario de este estado de cosas, según el jurista, es claro. "Este gobierno, al igual que los anteriores, no quiere erradicar la pobreza, sino mitigarla. Si la erradica, se quedará sin clientela. Los pobres funcionan como un yacimiento electoral. La discusión acerca de cuál es el porcentaje de pobres es inútil. Es evidente que hay mucha gente durmiendo en la calle y comiendo en los basureros. Entonces, si hay una sociedad que expulsa, ¿cómo queremos que no haya droga, prostitución o inseguridad? La solución no pasa por repartir leña (sic), sino por darles comida, vivienda, educación y trabajo, para despertarles nuevamente la confianza. Así funciona una sociedad decente", remata.

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