Una pobre simplificación

Por: Gustavo Víttori.

La presidenta de la Nación tiene el derecho de decir lo que piensa, de responder las observaciones, dudas y críticas del periodismo, de refutar opiniones divergentes. Pero tiene el deber de ejercer su derecho con responsabilidad. Su investidura la obliga a ser precisa y prudente, aun en este cambio de época y sociedad que difumina límites antes claros y habilita nuevas experiencias en materia de política y comunicación.

Día tras día, Cristina Fernández de Kirchner se ejercita en su singular lucha contra un periodismo que identifica con la oposición, trama mediática supuestamente organizada para conspirar contra el poder constituido y dar vía libre a pulsiones destituyentes que laten de manera inconfesada en distintos sectores que tienen poco que ver entre sí, pero coinciden en sus críticas al gobierno de los Kirchner.

Quien observa las conductas del poder puede percibir que las teorizaciones generadas en las usinas intelectuales que nutren los discursos del Gobierno han ido encarnando en convicciones cada vez más sólidas.

Para los que adscriben a una concepción agonal de la política, los opuestos son irreconciliables. Por lo tanto, sólo queda vencer al oponente. Cabe recordar que en el ápice del conflicto suscitado entre el Gobierno y el campo, Luis D?Elía intimó a los dirigentes rurales a una rendición incondicional, en tanto que Hebe de Bonafini repetía aquello de "a los enemigos ni agua". Por eso, el diálogo que reclama la mayoría de los argentinos ha sido imposible.

El terreno se divide en amigos y enemigos. Es una pobre simplificación de la política, una reducción binaria que esquiva el complejo desafío de construir una convivencia civilizada en clave moderna. Pero así son las cosas.

En esta lucha imaginaria, en cada discurso o rueda de prensa la presidenta dispara munición gruesa contra los mayores medios del país. Ayer acusó de supuesta censura a un canal de noticias, ocasión que aprovechó para poner en tela de juicio a la libertad de prensa que defienden medios periodísticos con extensa trayectoria y que es el valor fundante de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA).

Lamentablemente, la señora de Kirchner basó su indignada descarga pública en una información equivocada, error que la expone a réplicas que le ocasionan un desgaste innecesario y que son inconvenientes para el país.

Ningún periodista o medio de prensa que defienda los principios de la democracia republicana puede discrepar con el cuestionamiento de la censura que expresara la Presidenta en el plano conceptual, ni puede desoir su llamado a escuchar todas las voces, gimnasia que implica la real existencia de voces diversas, miradas diferentes y distintos procesos intelectivos. Pero si ésa es su convicción, debería empezar por casa, por los medios estatales de comunicación ?que son de los argentinos, no del Gobierno? y que exhiben a diario pésimos hábitos de censura y propaganda.

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